El baño sangriento de Melbourne

En los Juegos Olímpicos de 1956 una semifinal de waterpolo enfrentó a Hungría y la URSS. Posiblemente este sea el partido más famoso de la historia del waterpolo.

 

La posguerra

Al término de la Segunda Guerra Mundial, el Ejército Rojo ocupó Hungría. Tras un breve período de democracia, en 1948 todos los líderes de partidos no comunistas habían sido silenciados, habían huido del país o habían sido arrestados. El 19 de agosto de 1949 se aprobó la nueva constitución, calcada de la soviética de 1936, y se proclamó la República Popular de Hungría, bajo el severo autoritarismo de Mátyás Rákosi, enviado desde Moscú. Bajo su régimen, Hungría fue brutalmente moldeada por el martillo comunista para asemejarse cada vez más al modelo soviético. Las libertades individuales y de expresión dejaron de existir. El encarcelamiento arbitario se convirtió en habitual y la ÁHV, la Policía Estatal de Seguridad, comenzó una serie de purgas tanto dentro como fuera de las jerarquías del Partido. El 5 de marzo de 1953, Josif Stalin murió, lo que dio comienzo a un período de reformas moderadas en el gobierno del bloque comunista, con lo cual surgieron numerosas alas reformistas partidarias de una democratización más profunda.

 

La Revolución

1956. Desde la muerte de Stalin, el pueblo húngaro había solicitado de forma continuada la libertad para elegir su propia vía al socialismo y la retirada de las tropas soviéticas apostadas en Hungría desde el final de la Segunda Guerra Mundial. El 23 de Octubre una protesta estudiantil atrajo a miles de personas mientras marchaba por el centro de Budapest hacia el edificio del parlamento Húngaro. Una delegación estudiantil que entraba al edificio de la radio estatal para tratar de transmitir sus demandas fue detenida. Los manifestantes exigieron a gritos la liberación de la delegación.
Y la ÁVH abrió fuego desde el edificio.

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La noticia se difundió rápidamente. Estallaron los desórdenes y la violencia en la capital. La manifestación de estudiantes se convirtió en un auténtico levantamiento contra el gobierno de Budapest controlado por la Unión Soviética. La revolución se expandió por toda Hungría. Millares de civiles se organizaron en milicias, combatiendo a la ÁVH y a las tropas soviéticas. Comunistas pro-Soviéticos y miembros de la ÁVH fueron ejecutados o encarcelados, en tanto que los antiguos prisioneros políticos fueron liberados y armados. Consejos improvisados arrebataron el control municipal al partido comunista y exigieron cambios políticos. El gobierno cayó. El nuevo gobierno disolvió formalmente la ÁVH, declarando asimismo su intención de retirarse del Pacto de Varsovia y convocar elecciones libres. A finales de octubre, la Unión Soviética anunció su voluntad de negociar la retirada de sus tropas. Con el fin de los combates, comenzó a volver la normalidad. Habían recuperado la libertad. Pero el Politburó cambió de idea y se movilizó para aplastar la revolución.

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El 4 de noviembre, un gran contingente soviético entró en Budapest, matando a miles de civiles. La resistencia organizada finalizó el 10 de noviembre. Y comenzaron los arrestos en masa. Un número estimado de 200.000 húngaros escaparon como refugiados. Unos 13.000 resultaron heridos. Y más de 2.500 murieron. En enero de 1957 el nuevo gobierno instalado por los soviéticos había suprimido toda oposición publica.

 

El equipo

En el momento del levantamiento, el equipo de waterpolo húngaro estaba en un campo de entrenamiento en las montañas cerca de Budapest. Desde allí podían oír los disparos y ver las columnas de humo. El equipo era el vigente campeón olímpico; con los juegos de Melbourne a menos de dos meses vista, pronto fueron transladados más allá de la frontera, a Checoslovaquia, para evitar que se vieran envueltos por la revolución. Los jugadores sólo conocieron la verdadera importancia del levantamiento una vez que estuvieron en Australia, donde no tenían noticias de amigos o familiares. Cuando comenzaron los Juegos, la comunidad internacional era consciente de la brutalidad de la respuesta soviética al levantamiento, y el equipo olímpico húngaro se convirtió en el equipo de no pocos espectadores.

 

El partido

Y llegó la semifinal. Hungría contra la Unión Soviética. Era el 6 de diciembre de 1956. Al habitual apoyo masivo del público local se multiplicó. Desde el saque inicial, el partido fue muy físico. Violento. Primero agarrones, luego codazos y tras el primer gol, se sucedieron los puñetazos. Por ambos bandos: en las jugadas con mucho contacto, bajo el agua, en los cruces. La sangre dejaba rastros en el agua. Al poco de desaparecer un rastro lo sustituía otro. La semifinal olímpica se convirtió en un batalla, 7 húngaros contra 7 soviéticos. Era un partido violento, pero en ningún momento dejó de jugarse al waterpolo. Dos de las selecciones con más talento que se recuerdan. Pero uno de los dos equipos era claramente superior al otro en un aspecto: la motivación. Más que eso: querían venganza.

«Sentimos que estábamos jugando no sólo por nosotros, sino por todos los húngaros«,

declaró posteriormente Ervin Zador, la estrella el equipo, de 20 años.
Hungría aplastó a la Unión Soviética 4-0, con dos goles de Zador. La multitud estaba enloquecida.
Con todo resuelto y un minuto para el final, el soviético Valentin Prokopov propinó un puñetazo brutal a Zador, el cual fue obligado a abandonar la piscina. La agresión y posterior abandono de Zador fue la gota que colmó el vaso de una multitud ya exaltada. Para evitar una revuelta, el partido fue suspendido, y la policía ocupó el recinto para desalojar al público. El rostro ensangrentado de Zador saliendo de la piscina se convirtió en una de las instantáneas más legendarias de la historia del deporte. Ocupó las portadas de periódicos del mundo entero, acompañando a las crónicas de un partido que trascendió el estadio puramente deportivo. Un partido que todos coincidieron en llamar «El baño sangriento».

Ervin

Zador

El equipo húngaro continuó en la competición venciendo a Yugoslavia por 2-1 en la final, y ganando así su cuarto oro olímpico. Tras los Juegos Olímpicos, y temiendo lo que les esperaba en Hungría, la mitad de la delegación húngara no regresó. Entre ellos Zador, que huyó a Estados Unidos donde continuó su carrera, tras la cual se dedicó a entrenar jóvenes promesas. En especial a la más joven de todas, un chico de 9 años. Se llamaba Mark Spitz. Unos meses antes de conmemorarse el 50 aniversario, Zador comentó en una rueda de prensa qué provocó la agresión:

«No me pegó porque él fuera comunista y yo no. Me pegó porque estaba a punto de perder el partido y se lo hice saber, y le hice saber lo bien que eso me hacía sentir

Actualmente reside en Ripon, California, donde aún conserva la medalla de oro. Y la cicatriz.

 

Enlaces:
La revolución húngara de 1956
Ervin Zador
El partido más sangriento

 

En abril de 2006 se presentó el documental «Freedom’s Fury» que cuenta la historia del partido. El film fue producido por Lucy Liu y Quentin Tarantino, quien lo describió como «la mejor historia que jamás me han contado«. El documental está narrado por Mark Spitz.