Cortos cuentos de amor I

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Ramón y Ramona se la pasan todo el tiempo que están juntos revolcados en la cama, sin casi hablar, sólo tocándose y gritando de placer a veces de veras y otras para que los vecinos se maravillen al oírlos gozar en Martes a las 5 de la tarde.

En ocasiones, tras horas de carne y jugos y aún en pleno movimiento, se miran y les parece estar a punto de morir de lo a gusto que se ríen, ja ja ja ja ella, jua jua jua jua él, mirándose a la cara, zambullidos en el tran tran, se ríen tanto que alguno tose de no poder más y deben parar un rato. Aprovechan para comer, mucha pasta o mucho arroz, pero nunca acaban los platos, se los tiran por encima y se tiran ellos al suelo, al helado suelo, tan frío que hace que se pongan en plan ópera u opereta, dejando escapar los grandes chorros de voz que preceden a los gemidos. Casi siempre ella, en pleno goce, ya no sabe donde poner sus dedos y deambulan sueltos como si tocaran un piano, dedos que repasan notas de verdad, armonizando el aire, hasta que dos de ellos terminan en la boca de él que, sin pensarlo, sopla y sopla hasta que se oye el silbido del amor, silenciando todo, dejándolos solos.

 

Así pasan los días en la casa cuando no trabajan y así pasan los fines de semana, agotados. Quizá vayan un día al cine, y entonces quién sabe.

fin

 

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