Breves y gordos: El crepitar

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Sucedió en Biel, un pequeño pueblo de Zaragoza, pero sucede a diario en cientos de sitios y en miles de lugares. Sólo hay que saber escuchar. Es importante relajarse, mejor con una cerveza, y fijarse en el resto de mesas y en sus platos. Es imprescindible sentarte en la tuya, discutir, decidir y finalmente pedir la comida.

 

Sólo si eres auténticamente fuerte te resistirás al pan. Algunos, sólo unos pocos, se pueden permitir comerlo tranquilos, sin temer por lo que luego dejarán en el plato. Hablas del Atleti y de sus cosas, de si el arte moderno es nefasto o patético, del vino de la zona y de los rioja, de lo que no has pedido y quizá deberías haber pedido. El comedor está lleno, empieza el desfile. Disfrutas de las croquetas de ciervo y de los crepes de boletus sin importar mucho si has visto algún boletus (o algún ciervo) en tu vida. Alucinas con el milagro de las bolitas de acelga y confías en que alguien se deje algo de las (nunca justamente valoradas) manitas de cerdo. Como vas sobrao te lanzas sobre los garbanzos con cigalas y pierdes totalmente la perspectiva: mojas el pan, todo el pan que puedes, en ese jugo divino. Ya molesta el cinturón.

 

En ese momento, en el que algunos fuman, otros mordisquean un palillo y todos hablan, entra en escena el crepitar, el sonido que aplasta al ruido, algo así como un “crx, crs, crs, crx”…, nada menos que el chuletón, el chuletón de buey en su piedra. Si lo escuchas ya no hay nada más, sólo la mano del camarero sosteniendo la bandeja, avanzando. Cada vez es más clara su llamada y tu saliva responde a ella. Sabes que puede pasar, que puede ser para otros, pero aún así sólo tienes vista, olfato y oído para él, maravilloso destino. Tus manos sudan y te las secas en las piernas. El brazo con la bandeja avanza unos metros más, duda un insoportable instante y llega hasta tu mesa:

 

-¿Chuletón?

 

Ya está, ya eres feliz. La piedra está ante ti y el crepitar es un coro de ángeles, de hecho puedes ver a esos ángeles como pequeñas partículas saltando felices sobre la carne, chisporroteando de gusto. Qué gusto. Te concentras en el momento porque sabes que lo merece, deslizas el cuchillo sobre la pieza, contemplas admirado su rojo interior y, sin más, comes.

 

¿Qué aproveche? Hace rato que lo hizo.

 

Nota del autor: Ya sé que falta el postre. Me cuesta hablar sobre él, aunque algunos me gustan mucho, porque nunca lo he tenido muy en cuenta, probablemente de forma injusta. Está bien como merienda, tal vez. No puedo evitar pensar, siempre que pido postre después de comer o cenar, que eso que pido ocupará un sitio en mi estómago que debería haber sido, y ya no será, para un pimiento relleno, un tigre, un manojo de trigueros con jamón, un medallón de solomillo.

 

La nata montada queda excluida de esta última reflexión.

 

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Comentarios

Todos mis recuerdos van ligados a olores,todos,aunque mantengo sabores,uno de los sabores que tendré siempre,es el del codillo.El codillo se degusta desde que se pide,desde que el día anterior decides que lo pedirás,desde los entrantes,desde dentro,el codillo se pide desde el corazón.Hay dos sitios en el mundo donde comer codillo:en Pamplona (Cervecería Internacional) y en Granada (Antonio Pérez) ;pero sólo hay una manera de disfrutarlo,con amigos,con amigos que disfruten y ahora mismo les esté entrando hambre…el codillo de Granada,casi la mejor comida posible,compañía perfecta …y gratis

Ole ese codillo!! La verdad es que no tengo memoria para los olores, probablemente por ser el olfato mi sentido más atrofiado (demasiados años de Ducados, quizá). No obstante no puedo estar más de acuerdo en que la mejor manera de disfrutar la comida es con amigos que amen de verdad comer, beber y hablar de comida. Si además pagan ellos, perfecto.
Nos vemos en la Cervecería Internacional o, quién sabe, en Toledo…

“Sólo si eres auténticamente fuerte te resistirás al pan”, gran frase.A mi me parece más faćil resistirme al chuletón, después de verlo y escucharlo deberían llevárselo de vuelta a la cocina. Pero el pan…

Perdón,omití el nombre en el primer comentario por error…hoy como en casa de un amigo llamado Antonio…me he puesto el pantalón ancho…llevo pan

Hace tiempo leí una conversación en la que Rafael Azcona le decía a Pep Guardiola:
“(…) Hablemos de comer, una cosa muy mal vista. Somos unos seres con un tubo digestivo y creo que el cuerpo es como un santuario, que lo que entra debe tener cierta santidad.”

Qué sería de nosotros sin el chuletón, el pan , el vino…
Hay algo que he aprendido, de lo cual cada dia estoy mas convencida, LA COMIDA ES LA ÚNICA SALVACIÓN, es cierto.
No puedo vivir sin comer, sin comida, y no me refiero a que me moriría (obviamente), no, voy mas allá, perdería toda mi identidad, mis ideas, mi fuerza, mis ganas…Desde niña la comida ha sido el tema principal en mi historia, en muchos casos por su defecto (malos tiempos, tristes tiempos), en otros por que era el fin que daba sentido al resto.
En cualquier caso, insisto, la comida como actitud, el amor por la comida,saber disfrutar de y con ella…te puede salvar la vida, y por lo tanto el humor.
No dejes de comer
…ALUCINANTE Y GRÁFICO TU RELATO…ABRE EL APETITO, LO USARÉ

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