El hombre del tiempo está triste (I)
El hombre del tiempo está triste, sentado en el sofá, la cabeza en sus manos. Está harto de borrascas y de frentes, de idas y venidas, de olas y temporales. Así se ha levantado hoy. No entiende el sentido de su fama ni el porqué de sus apariciones. En Invierno hace frío y en Verano calor. Tanto tiempo ante los focos, maquillado y sudando, es tiempo muerto, perdido. Lo mejor de las sesiones es el café, qué bueno está ese café.
¿Porqué hoy? No ha cambiado nada, ninguna de las variables de su vida se ha modificado, pero está triste. Quizá un mal sueño. No, eso no, son tres horas ya así, y un solo sueño no podría tanto. Tres horas, qué exagerado, sólo lleva hora y media sentado allí, a punto de salir para el trabajo, vaya trabajo.
El hombre del tiempo tiembla y suspira. No va a responder, qué va, no sabe. Además se le hace tarde, se marcha al estudio, tomará allí el café, hablará allí de lo de ayer y de los próximos días. Quien sabe, a lo mejor así entiende porqué eso le pone triste.
Cuando toma café el hombre del tiempo se siente menos triste, sí. Lo huele, aspira, lo vuelve a oler y toma un sorbo, pequeño, para no quemarse. Café, café, café solo, café caliente, café que huele a café del bueno, café que le recuerda sus cigarrillos de antes, cuando los fumaba con el café y con la vista de la ciudad enfrente, casi a sus pies. Ahora la vista sigue, pero ya no es igual, ya no hay tabaco además, aunque el café siga siendo supremo. Lo saborea con calma, la mirada fija en las calles y la imaginación en sus gentes, en la vendedora de huevos, toma otro sorbo, en el frutero y su oferta del día, bebe un poco más, en la abuela perdida siempre en la misma plaza, en los estudiantes extranjeros y en su altura, se va acabando, en la carnicera y su fantástico escote, se terminó el café.
Mira la taza y aspira sus restos y se palpa por dentro a ver si sigue triste. En un primer momento duda, pero en seguida encuentra la tristeza allí al fondo, arrinconada en el estómago, empezando a librarse del café y de sus aromas y a retomar su febril actividad.
Está triste, y no sabe porqué.
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