Cortos cuentos de amor VII
Pepe suele preparar el desayuno en casa. Zumo, yogur, magdalenas y café. Pepa baja en cuanto el aroma sale de la cocina, en bata, dejando ver ocasionalmente un escote que le mata a Pepe, bueno, sólo lo hiere porque en seguida baja Pepín, legañoso y despeinado, y entonces ella le martiriza con el peine mientras la mesa desprende un aura de armonía, con el naranja, el negro, el blanco y el marrón bien dispuestos, perfectos. El sol, normalmente, alumbra la escena, la radio suena, dan las noticias, las comentan si les deja Pepín y si no disfrutan de sus extravagantes ocurrencias.
A veces, no siempre, son conscientes de todo eso, se ven totalmente dentro de ese cuadro, inmersos en su vida. Cuando eso pasa el cuerpo les vibra y se dan un fuerte abrazo al despedirse, se juntan hasta hacerse daño y hasta que su hijo les mete prisa por irse, por llegar al colegio y ver a sus amigos. El resto de días se dan un beso, pausado en ocasiones y apresurado en otras, porque a fin de cuentas son personas y no personajes.
(Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons)



ME GUSTAN PEPE Y PEPA. DISFRUTAN DE LO QUE TIENEN SIN LAMENTARSE DE LO QUE NO. DE MAYOR QUIERO SER ASÍ.
SALUDOS Y FELICIDADES KIKE POR TU FORMA DE ESCRIBIR, UNA ADMIRADORA…