Cortos cuentos de amor VIII
Otro autobús, esta vez el 155, no muy lleno, por la mañana, caras de sueño, la luz del día casi recién nacida, el conductor relajado aún, la previsión del tiempo, el motor rugiendo listo para partir. Avanza por la ciudad deslizándose, trazando las curvas con suavidad, perfectas, usando el freno lo justo, parando en los semáforos si están en rojo y decelerando en ámbar. En la segunda parada sube ella, ángel de cada mañana, con los auriculares en los oídos, el bono en la mano, la mirada dormida. El la ve y luego la huele sin saber lo que es, escucha su billete marcarse y sus pasos alejarse, como siempre, a las últimas filas, a mirar la ventanilla con su mezcla de reflejo y transparencia. La ruta sigue y ella no se mueve de allí, de la esquina superior derecha del espejo retrovisor central, sin dedicarle nunca una mirada a nada que no sean las calles moverse.
Se baja en la quinta, sin despedidas, y el sonríe y siente como le empiezan a sudar las manos, como se atasca la palanca de cambios, como todos ya se levantan y llenan el mundo de coches de mal genio, de pitidos, de atascos. Ya es de día.
(Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons)



Amores no amores o amores truncados. Gracias por compartir tus escritos.
Saludos.
Patricia