Artículos de mayo, 2008
Cortos cuentos de amor VIII
Otro autobús, esta vez el 155, no muy lleno, por la mañana, caras de sueño, la luz del día casi recién nacida, el conductor relajado aún, la previsión del tiempo, el motor rugiendo listo para partir. Avanza por la ciudad deslizándose, trazando las curvas con suavidad, perfectas, usando el freno lo justo, parando en los semáforos si están en rojo y decelerando en ámbar. En la segunda parada sube ella, ángel de cada mañana, con los auriculares en los oídos, el bono en la mano, la mirada dormida. El la ve y luego la huele sin saber lo que es, escucha su billete marcarse y sus pasos alejarse, como siempre, a las últimas filas, a mirar la ventanilla con su mezcla de reflejo y transparencia. La ruta sigue y ella no se mueve de allí, de la esquina superior derecha del espejo retrovisor central, sin dedicarle nunca una mirada a nada que no sean las calles moverse.
Se baja en la quinta, sin despedidas, y el sonríe y siente como le empiezan a sudar las manos, como se atasca la palanca de cambios, como todos ya se levantan y llenan el mundo de coches de mal genio, de pitidos, de atascos. Ya es de día.
(Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons)
Sir Frank Rijkaard
El Camp Nou se despidió ayer de Frank Rijkaard. El público le ovacionó cada vez que asomaba del banquillo y los periodistas hicieron lo mismo al finalizar la rueda de prensa.
El tiempo lo pondrá en el lugar que merece de la historia blaugrana. Muy muy alto.
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Rugby para principiantes (IV). El Ruck
El Ruck, también llamado melé abierta, está tratado en la regla 16 del reglamento.
El ruck se forma con la pelota en el suelo y con al menos un jugador de cada equipo chocando y pujando por la pelota, pero habitualmente son varios. El ruck lo forman los jugadores parados y enfrentados con sus contrincantes.
En el momento en que el árbitro señale el ruck, los jugadores participantes en el mismo intentarán avanzar (o mantener su posición) con los pies, para conseguir (o mantener) la posesión de la pelota.
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Cortos cuentos de amor VII
Pepe suele preparar el desayuno en casa. Zumo, yogur, magdalenas y café. Pepa baja en cuanto el aroma sale de la cocina, en bata, dejando ver ocasionalmente un escote que le mata a Pepe, bueno, sólo lo hiere porque en seguida baja Pepín, legañoso y despeinado, y entonces ella le martiriza con el peine mientras la mesa desprende un aura de armonía, con el naranja, el negro, el blanco y el marrón bien dispuestos, perfectos. El sol, normalmente, alumbra la escena, la radio suena, dan las noticias, las comentan si les deja Pepín y si no disfrutan de sus extravagantes ocurrencias.
A veces, no siempre, son conscientes de todo eso, se ven totalmente dentro de ese cuadro, inmersos en su vida. Cuando eso pasa el cuerpo les vibra y se dan un fuerte abrazo al despedirse, se juntan hasta hacerse daño y hasta que su hijo les mete prisa por irse, por llegar al colegio y ver a sus amigos. El resto de días se dan un beso, pausado en ocasiones y apresurado en otras, porque a fin de cuentas son personas y no personajes.
(Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons)
Hacer el pasillo al campeón: un honor
El R. Madrid ha ganado el campeonato de Liga tres partidos antes de que acabe. Eso tiene su mérito. Y si hablamos de deporte, los méritos, las hazañas, los logros, los gestos… deben reconocerse.
Una de las situaciones más bellas que puede provocar una competición es cuando al finalizar, los vencidos felicitan al vencedor. Lo que siempre se ha llamado deportividad y ahora quieren hacernos creer que es Fair Play.
Pero aquí no funciona así, no. Si hablamos de España, de fútbol y en concreto de Barça o R. Madrid la deportividad no está muy bien vista.
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Refugio
Esta vez me está costando más que otras. Una semana solía ser suficiente. Sería tan cómodo abstraerse, alejarlo. Al menos esta oficina no muestra indicio alguno. Está todo en su sitio. Mi flexo no parece particularmente indignado. Míralo. Cumple con su trabajo. La mancha de luz y ya está. Todo el tiempo que quieras. Qué luz más prepotente. Una vela al menos se permite dudar, da cuenta del tiempo, tantea los bordes de la sala. Parece más sensible a su exterior. La del flexo se impone, sólo arroja una posibilidad. No escucha los matices que los objetos podrían sugerirle, no le interesa. Cumple con su trabajo. Como yo ahora.
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La Liga la gana el mejor
Enhorabuena a los campeones. Eso lo primero. Porque la liga la gana el mejor.
Y el R. Madrid debe celebrarlo porque la Liga española no la gana cualquiera. Pero su celebración no debe hacerles olvidar que ha sido un campeonato con claroscuros.
Lo que más me ha gustado de ellos no es nuevo, es la competitividad y la pegada, herencia de Fabio Capello. Su inicio de Liga fue una prolongación de la temporada anterior. También me ha gustado el equipo cuando ha jugado en casa y la motivación del tramo final. Individualmente: Casillas inmenso. Diarrá maltratado pero imprescindible. Van Nistelrooy letal.
Entre las cosas que no me han convencido están su juego fuera de casa, su escaso banquillo y su poca competitividad en las eliminatorias (por decirlo de alguna forma, es lo opuesto al Liverpool).
Y las cosas que me han parecido lamentables son las mismas que a casi todos: su presidente y su entrenador. Ambos en la forma y en el fondo.
Para el año que viene deben mejorar no pocas cosas, porque después de dos ligas consecutivas todos tendrán la cabeza en la Champions. Y a día de hoy los equipos españoles no pueden competir con los ingleses o el Milan. Si lo hacen bien, con un fichaje de calidad en cada puesto deberían estar a la altura.


