Breves y Leves: Bailar
Me gusta bailar a media mañana, aunque casi nunca lo hago. Hay días en los que es imposible evitarlo: desayunas chasqueando los dedos, camino del trabajo vas silbando, detrás de la lluvia ves el sol. Te mueves por los pasillos con una sonrisa ancha, y franca. De repente bailas, sí, moviendo las caderas, los hombros, la cabeza. Tus compañeros te miran mosqueados pero el ritmo lo llevas tú y no lo puedes controlar. Si la cosa marcha y nadie te frena te dejas llevar y mueves los pies y las piernas y los brazos también. No importa la coordinación, sólo bailar. Acabas exhausto.
Supón, por pensar algo, que un día el resto, en lugar de mirarte, se unen y bailan, o dan palmas, o jalean, o abren y cierran ventanas al compás, o saltan por el aire con los brazos abiertos, o taconean. Todo va cuadrando entonces, la música se deja ver, la risa aparece sola, el final es natural.
Eso no pasará, claro, porque casi nunca bailo a media mañana, porque cuando lo hago casi nadie me ve, porque los que me ven miran.
Coda: dedicado a esa luz llamada Jonathan Richman. Si quieres saber porqué, sigue adelante y disfruta…
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Me gusta bailar, verte bailar y leerte bailar.
Grande.