La noche de Cirque du Soleil
Anoche viví una experiencia inolvidable viendo el espectáculo Quidam del Cirque du Soleil. Fue una maravilla poder disfrutarlo, me pareció algo fuera de lo común, excepcional.
Conseguir coordinar a cuatro gatos en un escenario es una tarea complicada, con lo que la perfecta sincronía de cerca de cuarenta personas lograda en este espectáculo es sencillamente impresionante. Es increíble la capacidad de estos artistas: el control de cada uno de los músculos de su cuerpo (que la mayoría ni somos conscientes de tener), del equilibrio, y el estar en el punto justo en el instante preciso, sin mínimos errores ni titubeos. Y lo mejor es que lo hacen parecer fácil, actúan con una sonrisa constante.
La cantidad de horas que tienen que haber dedicado a lograr los imposibles que alcanzan, el esfuerzo día a día, los intentos frustrados… ¡ése sí es un trabajo duro! Lo que hace esta gente es un gran sacrificio. Eso sí, tiene que merecer la pena por ver cómo el público sorprendido, anonadado, emocionado, con lágrimas en los ojos por haber visto ese espectáculo sin igual, esa fuerza, esa energía que desprenden todos y cada uno de los participantes en esa magia, les aplaude sin parar puesto en pie, sintiendo cierta melancolía porque al día siguiente volverá su realidad, lejos de la fantasía en que han estado inmersos durante un par de horas. Y es que la función se vive intensamente, con una emoción continua, es algo espectacular, sobrecogedor por momentos, obligando a cualquier espectador a permanecer boquiabierto. Cuando crees que han superado cualquier barrera y ya no hay nada más allá, consiguen el más difícil todavía, dejando los límites imaginables atrás, como un horizonte lejano. Por muchas palabras que escriba, hay que vivirlo en directo, no se puede describir. Tan sólo me queda decir: ¡bravo! Bravo a estos artistas con mayúsculas, y gracias, muchas gracias a quienes me hicieron este regalo, porque lo he disfrutado y me ha llegado de verdad.
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Comentarios
Estoy del todo todo todo de acuerdo con la Rubia!, ha sido lo mejor que he visto (yo hace ya dos años en Sevilla) en mucho tiempo. Hice mucho el ridículo de hecho, no podía para de aplaudir, gritar, y silbarles, no sé cómo no les han dado 8 mil medallas de oro….
PD: qué regalito más güeno….


Precisamente la semana pasada me comentó un amigo que había asistido a este espectáculo y le había encantado. Las fotos son impresionantes, con lo que no me quiero imaginar lo que puede ser verlo en movimiento.
A ver si lo traen a Almería…
P.D.- Welcome!