Un libro gastado
Al sacarle de la caja el libro se estremeció. Por fin llegaba a una librería, tras tanto tiempo apilado por fin estaba en un estante, con otros libros distintos, en constante agitación. Tras varios días encontró unas manos que lo querían, que lo compraron, que lo abrieron. Sintió como un susurro recorrer sus fibras al abrirse ante esos ojos, verdes, y se dejó llevar por dedos que lo pasaban suavemente, ligeramente humedecidos a veces, y que recorrían sus bordes con calma. Después de la última página llegó la resaca: meses y meses en el salón, olvidado y melancólico.
Pasó un año y otras manos lo tomaron. La vida volvió a sus tapas, a sus hojas, a sus tildes y a sus comas, e imaginó lo bonito que sería llegar a ser uno de ellos, un libro gastado, sobre una mesa, en una mochila, junto al café.
(Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons)



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