El espíritu olímpico

Los Juegos Olímpicos no son una competición deportiva sin más. Todo aquel que conoce su historia, todo aquel que participa, todo aquel que los ha seguido sabe muy bien que no es necesario ganar una medalla de oro para triunfar en unas Olimpiadas.

El barón de Coubertin imaginó los Juegos Olímpicos como un acontecimiento de hermanamiento, solidaridad y amistad entre todos los países del mundo a través del deporte. Este ideal de confraternidad es lo que se conoce comúnmente con el nombre de espíritu olímpico y es la razón que convierte esta cita deportiva en un evento de extraordinaria relevancia en todo el mundo.

El conjunto de personas, organizaciones y países que participan en los Juegos con el objetivo de concretar el espíritu del hermanamiento universal a través del deporte recibe el nombre de Movimiento Olímpico, cuyos preceptos fueron definidos por Pierre de Coubertin:

Adherirse al ideal de una vida más elevada, para buscar su perfección; representar a una elite cuyo origen fuera totalmente igualitario y de la que se hubiera destacado mediante cualidades morales; crear una tregua de paz en el mundo cada cuatro años, como si fuera una primavera del hombre; y glorificar la belleza, por involucrar lo mejor de la filosofia y las artes humanas en los Juegos Olímpicos”.

Muchas veces, demasiadas, la tensión política internacional ha manchado los ideales del olimpismo: el boicot norteamericano a los Juegos de Moscú (1980), el boicot soviético a los Juegos de Los Ángeles (1984), las reiteradas ausencias de Cuba, de Sudáfrica, la utilización (el intento) de los Juegos de Berlín (1936) por el movimiento nazi…

A pesar de todo, en todas las ediciones de los Juegos los ejemplos de deportividad más admirables e inspiradores han hecho acto de presencia.

En 1936, el alemán Lutz Long aconsejó a su rival Jesse Owens en las semifinales del salto de longitud, evitando que éste hiciese un tercer salto nulo y quedase eliminado. Owens se clasificaría y ganaría finalmente a Long.

En los Juegos de Invierno de Innsbruck (1964) al italiano Eugenio Monti le comentaron que a sus rivales británicos se les había roto un tornillo en su trineo de bobsleigh. Monti les prestó el suyo. Y con el tornillo de Monti los ingleses ganaron la medalla de oro, mientras el italiano se quedó con el bronce.

El canadiense Lawrence Lemieux, en los Juegos de Seúl de 1988, a pesar de tener posibilidades de medalla prefirió parar y ayudar a sus rivales de Singapur que habían caído al mar durante una tormenta en la competición de vela.

En los pasados Juegos de Atenas (2004), el brasileño Vanderlei de Lima iba primero en la prueba de maratón a menos de 7 km para el final. En ese momento fué asaltado por el ex-sacerdote irlandés Cornelius Horan. Tras la interrupción, sólo pudo acabar tercero. La deportividad con que el brasileño encajó la situación será recordada para siempre:

No le guardo rencor al agresor. Me entrené durante cuatro años para conseguir el sueño de ganar una medalla y, gracias a Dios, lo he conseguido. Me siento realizado como atleta

Desde hace tres días, el 10 de Agosto de 2008, podemos presumir de otro ejemplo: el que han dado las tiradoras Nino Salukvadze y Natalia Paderina.

Las continuas disputas entre Rusia y Georgia por Osetia del Sur han alcanzado el rango de conflicto armado. Rusia envió cientos de tanques y soldados a Osetia del Sur y bombardeó pueblos vecinos el sábado, después de que el gobierno central georgiano lanzara una ofensiva militar para recuperar el control de la provincia separatista. Los muertos se cuentan por miles.

El sábado, 9 de Agosto, los 35 deportistas olímpicos de Georgia contemplaron retirarse de la competición, algunos de ellos pretendiendo ir al frente. Al final decidieron quedarse en Pekín y representar a su país haciendo lo que mejor saben hacer.
Un día después, y a pesar de los nervios por la situación de su país, la georgiana Nino Salukvadze consiguió la medalla de bronce en la modalidad de tiro con pistola de aire (a 10 metros).
La rusa Natalia Paderina se quedó con la medalla de plata y tras la ceremonia de entrega, Salukvadze se acercó a Paderina (habían sido compañeras en el equipo de la Unión Soviética) se abrazaron y posaron para la prensa mundial. Paderina besó en la mejilla a Salukvadze.

Si el mundo aprendiera alguna lección de lo que hice, nunca más habría guerras. Después de todo, vivimos en el siglo XXI“, expresó Salukvadze, quien debió secarse las lágrimas de sus ojos tras bajar la pistola después de su disparo final, que fue aplaudido por la multitud. Su despedida fue:

No deberíamos caer tan bajo como para hacer la guerra”

[SWF]http://www.youtube.com/v/eBuW34sSU3U&rel=1, 425, 350[/SWF]

  • Quini

    Muy bueno. Lo del Cornelius ese es para meterlo en la cárcel y tirar la llave, desde luego Vanderlei sabía encajar los golpes.

    Y en cuanto a Salukvadze y Paderina, magnífico ejemplo el que dieron, era una oportunidad que había que aprovechar y lo hicieron muy bien.