ya no corro
Ya no corro detrás
de ningún arco iris,
ya no cargo maderos
ni promuevo en Babel,
con dos besos de más
no preciso daiquiris,
me basta el pasajero
permiso de tu piel.
No me interesa el puesto
de príncipe de sueños
(me convierto en anfibio
con los besos de amor),
los servicios que presto
son mucho más pequeños
como el discreto alivio
de tu ropa interior.
No contrato seguros
ni retrato principios,
el tiempo se pronuncia
con el nombre del humo,
si me ofrecen futuros
devuelvo participios
y enmarco la denuncia
por tenencia y consumo.
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