Cortos cuentos de amor XI

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Al final nunca se lo dijo. Dejó pasar mil noches, dejó pasar mil risas, olvidó contar las horas. La miró fijamente y encendió un cigarrillo. Ella lo miró suave, dulce, y lo llevó a bailar. Momentos. Tantas veces tuvieron el fuego en sus manos, fueron cómplices, traviesos, fueron ojos en la noche, y nunca fueron del todo. No había nadie más, no existían límites, los obstáculos eran entonces invisibles. Estaban tan cerca que ni se preocuparon en tocarse: vivieron. Les faltó un paso, o quizá no les hizo falta. Para cuando se quisieron dar cuenta ya estaban lejos, ya el aliento del otro no les llegaba, ya los dedos debían estirarse demasiado para tocar esos labios que nunca antes rozaron. Sus caminos se torcieron y sus pies, aún descalzos, levantaron ese polvo a través del cual miran de vez en cuando, sonrientes al intuir una silueta, allá al fondo, a la que nunca gritarán.

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Comentarios

Uffff.

Al final nunca se lo dije.

Dios mío, la historia de mi vida.

Decidle al patrón que le cambie la etiqueta de Rebuznos.

Es una maravilla.

…si señor…otra buena entrega agridulce…esa es la vida…

Lo que me recuerda…

¡Espabila…si no quieres pifiarla!

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