ay, mi negrita

Palabras Relatos

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Todo empezó cuando nos hicimos amantes. Decidimos comunicarnos por correo electrónico. En aquel espacio privado y silencioso intercambiábamos palabras, confesiones, recuerdos, fantasías…A veces repasábamos episodios concretos: yo evocaba su imagen desnuda, ella paladeaba algún recuerdo de la última cita… No tardaron en llegar los mensajes en que las palabras se convirtieron en una pieza más del juego erótico. Sentía que me acariciaba con cada letra, como si la escritura de sus dedos se hubiera dibujado sobre mi espalda, sentía salir el calor de la pantalla para entrar por mi piel y subir hasta la nuca dejando un rastro erizado. Los periodos entre encuentro y encuentro se llenaron de mensajes que fueron ganando en intensidad, compitiendo a veces con el erotismo de los encuentros reales. No podía recibir un nuevo correo sin evocar el tacto de su piel, su última mirada amenazante, el último hallazgo…

Pronto dejé de asociarlo a imágenes o recuerdos concretos. Conectaba el ordenador y la sola visión de un mensaje recibido en la bandeja de entrada bastaba para hacerme sentir un latigazo cálido bajo el vientre que se expandía desbocado por el cuerpo. La mera aparición del título remarcado en negrita, ese grosor inusual y transitorio, se convirtió en una pulsión inmediata e infalible. Empecé a entrar en el correo de forma compulsiva, a cualquier hora, como quien busca su dosis.

Poco a poco, me fui volviendo incapaz de leer cualquier texto que tuviese unas palabras regruesadas. Cualquier encabezado, cualquier título, cualquier énfasis… me turba por completo y tengo que retirar la vista exaltada del papel, con una inquietud que empieza a recibir miradas extrañas que se buscan entre sí. Ya apenas soy capaz de trabajar. No puedo elevar la mirada a la barra de herramientas. Me desarma la sola idea de deslizar el cursor por esa N de trazos robustos, como músculos tensados del esfuerzo un segundo antes del final.

A veces, cuando no hay nadie cerca, no puedo evitar remarcar de vez en cuando la última frase que acabo de escribir. Entonces se acerca alguien y me apresuro nervioso a deshacer la marca. Casi me pillan, pienso, entre acelerado y confundido…

Mi adicción al ordenador ha terminado separándome de ella.

Fue idea suya que viniera a verle, doctor.

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Comentarios

bravo, bravo, bravo (plas plas plas, aplausos entre sonrisas)

jeje está muy bien, me ha gustado mucho el párrafo en el que el tío se apresura a desmarcar la última frase, por miedo a que le “pillen”

No sé si aplaudir o preocuparme… me decanto por ambas.

A pesar de de todo la “negrita” es guay,…
ma gutao muscho

malegro que os guste!
es bueno que las taras mentales de uno sirvan para algo…

afortunados quienes pueden, de vez en cuando, sumergirse en rituales delirantes y placenteros (aunque toque visitar al Dr. cada tanto)

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