Las “mascotas” en los videojuegos
Las grandes firmas comerciales cuentan con numerosas vías para vender sus productos. Los caminos del marketing son casi eternos, y en muchas ocasiones uno de los recursos más efectivo para dar a conocer los valores que pretendes asociar a tu marca es dotarla de una mascota.
De esta práctica tenemos ejemplos en empresas de todo tipo (sin entrar ya en eventos deportivos, donde su uso es muy frecuente). Así, el tigre de los Frosties o el conejo deportista de Nesquik, representan energía, fuerza, agilidad… Ronald McDonald intenta ser alguien divertido, pues en sus restaurantes el objetivo es “pasárselo bien”. El mayordomo de Tenn (con bioalcohol) transmite pulcritud, eficiencia, mientras que Mr. Proper (que ahora se llama D. Limpio) va más en una línea de “fuerza bruta” contra la suciedad.
Estos no son más que unos ejemplos rápidos que se me ocurren, lógicamente hay muchísimos más. Las mascotas, por supuesto, también tienen su lugar en el mundo de los videojuegos, aunque conceptualmente la elección de las mismas se basa en criterios muy diferentes a los antes expuestos.
Normalmente una empresa piensa en los valores que la gente quiere que asignen a su producto, esa característica que lo distinga de los demás, y diseña una mascota que encarne esas virtudes (que han de ser pocas, pues de otro modo el usuario se pierde y no recuerda ninguna). Sin embargo, en el mundo de los videojuegos esto no se ha hecho así, y la elección de una u otra mascota va en relación directa con el número de unidades vendidas por parte del juego que protagonice.
La mascota por excelencia en este sector es sin duda Mario, que lleva siendo el estandarte de Nintendo desde hace más de 25 años. Su primera aparición tuvo lugar en 1.981, bajo el nombre de “Jumpman”, en una máquina recreativa creada por Shigeru Miyamoto, quien hoy día es considerado todo un gurú de la industria. El gran éxito de la misma llevó a un nuevo videojuego 2 años después, Super Mario Bros, que se vendía conjuntamente con la nueva consola NES (Nintendo Entertainment System). Es a partir de este momento cuando la imagen de Nintendo y Mario quedan ligadas, con más de 200 apariciones en diferentes juegos de la casa (aunque en muchos de ellos no era el protagonista, y su presencia se limitaba a pequeños “cameos”).
Por tanto, Mario nació como mascota de Nintendo como consecuencia directa del éxito del videojuego, y no porque la compañía considerase que la mejor forma de dirigirse a su público era a través de un fontanero rellenito y con bigote (de hecho inicialmente fue concebido como un carpintero).
Por aquellos años, el principal competidor de Nintendo era Sega, que oficialmente carecía de mascota, aunque muchos entendían que la misma era Alex Kidd, por cuanto era incluido en un pack junto a la consola Master System. En cualquier caso en Sega tenían claro que necesitaban un personaje capaz de rivalizar con Mario, y así fue como en 1.991 nació Sonic, un erizo azul muy veloz, cuyos juegos, al igual que los de Mario, pertenecían al género de las plataformas. Su éxito fue igualmente abrumador, y a día de hoy ha tenido presencia en más de 100 títulos.
Estas dos mascotas, Mario y Sonic, tuvieron una repercusión importantísima, y su popularidad traspasó el mundo de los videojuegos, llegando también a tener sus propias series de televisión, e incluso una película en el caso de Mario.
Hoy día el mundo de los videojuegos no tiene realmente mascotas (con excepción de Mario, que sigue siendo la imagen de Nintendo). Hay personajes más o menos conocidos, en función de las ventas de los títulos a que pertenecen, pero ninguna consola ha vuelto a apostar tan fuerte por un único personaje. Dante, Snake, Crash Bandicoot, el Jefe Maestro, Banjo y Kazooie, Donkey Kong, Bomberman… son ejemplos de “pseudo-mascotas” que asignamos hoy día a alguna de las tres grandes compañías del sector.





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