Cortos cuentos de amor XV
La mañana se desliza con suavidad sobre la oficina meciendo las horas, dejando a los empleados sumidos en un sopor del que ninguno escapa. Nadie hace nada, nadie pregunta, ninguna inquietud se cuela por la ventana. El sol abrasa y los cuerpos se van llenando de minúsculas gotitas de sudor que recorren la piel lentas, cómodas. Ella se levanta y se acerca, le besa y se besan. Una cosa lleva a la otra. Hacen el amor allí mismo, sudando más, sin miedo de nada. Al terminar todos sonríen y, cuando llega el jefe, le dicen que no, que ninguna novedad, que ningún pedido, que así la empresa se va a la mierda.
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Óle.