Atenazado por la congoja, o el despertar
-¿Sabes lo que es despertarse sobresaltado, atenazado por la congoja?
-Ni idea chico.
-Yo no lo sabía hasta ayer cuando, sobresaltado, desperté atenazado por la congoja.
-¿Cómo pues?
-Unas tenazas invisibles me tenían el cuello apresado. Era la congoja. Y desperté sobresaltado.
-¿Tenazas invisibles?
-Así es, no las veía pero sabía lo que eran. Me acordaba perfectamente de cuando era chico y mi primo jugaba conmigo a apresarme con unas tenazas, las muñecas, los tobillos, por todas partes me cogió.
-Vaya primo cabrón…
-Bueno, ya sabes. Total, que ayer no era mi primo, era la congoja, que me vino así, sin avisar. Yo era feliz, ya lo sabes, mi vida estaba bien, y ahora qué, digo, ahora con la congoja y el cuello hecho polvo.
-No se chico, si la congoja está ahí por algo será. Quizá ese accidente, quizá la muerte que te acecha, qué se yo.
-Eso es, qué se yo. El doctor me quiere dar unas pastillitas, y yo le digo que se las meta por el culo, que prefiero el ron. Sí, gracias, sólo un cubito.
-Bebe amigo, bebe. Yo también tomaré otro. Una vez me acongojé pensando en lo mal que funciona el mundo, en los que pasan hambre y todo eso, pero se me pasó en seguida. ¿Sabes lo que creo?
-Está supremo este ron. Dime, dime.
-Que a la congoja le gusta juguetear, pero que casi nunca va en serio
-Pues me jodió el cuello, chico, me lo jodió de verdad.
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Qué bueno, man.