El amistoso de Navidad

A comienzos del siglo XX la situación política en Europa era muy inestable. A la tremenda enemistad franco-alemana se habían unido el resto de Imperios partiendo en dos el continente: Francia, Gran Bretaña y Rusia estaban enfrentadas a Italia, Alemania y el Imperio Austro-Húngaro.

A esto se sumaron tres conflictos sucesivos en los Balcanes que elevaron la tensión hasta límites nunca alcanzados. El Imperio Austro-Húngaro y el Imperio Ruso habían puesto su mirada en la región, nido de nacionalismos que el Imperio Turco ya no podía controlar.

  • En 1908 Austria-Hungría se anexiona el territorio de Bosnia-Herzegovina.
  • En 1912 el Imperio Ruso apoya la creación la Liga Balcánica (Serbia, Bulgaria, Grecia y Montenegro) para atacar a Turquía, a la que obligan a abandonar sus últimos territorios europeos (salvo Estambul) y a reconocer la independencia de Albania.
  • En 1913 Serbia, apoyada por los estados de la zona, entra en guerra con Bulgaria, que pierde gran parte de su territorio.

El 28 de junio de 1914, en Sarajevo (Bosnia), el archiduque Francisco Fernando heredero a la corona austro-húngara fue asesinado por un estudiante bosnio relacionado con grupos nacionalistas serbios.

Comenzó la Primera Guerra Mundial.

Tierra de nadie

Iniciada la contienda, los ejércitos alemanes atravesaron Bélgica y llegaron a Francia, donde fueron detenidos en el río Marne. Poco a poco los frentes se estabilizaron y los contendientes se vieron obligados a cavar trincheras.
Por Francia y Bélgica se extendía una linea de cientos de kilómetros de trincheras, donde alemanes, franceses e ingleses morían en continuos ataques y contraataques, tratando de tomar en vano las posiciones del enemigo.
No era extraño que entre las líneas enemigas no hubiera más de 50 metros de distancia. Esa tierra entre trincheras era conocida como la Tierra de Nadie. La artillería, las zanjas, los proyectiles y el invierno provocaban que no hubiera ni rastro de vegetación. Sólo cráteres, lodo y cadáveres.

Tierra de nadie

La Primera Guerra Mundial se estancó. Los contrincantes se ocultaban en las heladas y anegadas trincheras, que se extendían desde el canal de la Mancha hasta la frontera suiza.

Dentro de esta guerra de posiciones tuvo lugar en el año 1914 la batalla de Ypres, en Bélgica.

La tregua de Ypres

En Ypres habían muerto o resultado heridos unos 250.000 soldados en apenas un mes. «Nunca se había derramado tanta sangre en tan pequeña área«, escribió desde el frente un observador.
Las miserables condiciones de vida eran las mismas en ambos bandos, así como la cantidad de muertos y heridos. Nadie podría entender jamás por lo que estaban pasando… salvo la infantería enemiga, hombres como ellos, a escasos metros y en idéntica situación.

El 24 de diciembre, víspera de la Navidad, el Cuartel General Británico de Sir John French envió este mensaje a todas las unidades británicas: «Es posible que el enemigo realice algún ataque durante la Navidad o Año Nuevo. Mantened especial vigilancia durante este tiempo«.
En realidad el temor del Comandante Sir John French no se debía tanto a un posible ataque sino a la posibilidad de que se diesen muestras de fraternidad durante la Navidad por parte de soldados de ambos bandos.
Y conforme llegó la noche el frente enmudeció.
Horas después comenzaron a aparecer cientos de pequeñas luces en la trinchera alemana. A diferencia de otros días, ningún centinela aliado se atrevió a disparar. Eran de árboles de Navidad.
De repente, los soldados alemanes comenzaron a cantar «Stille Nacht, Heilige Nacht» (Noche de Paz). La respuesta del frente aliado fue contundente… empezaron a cantar «The First Noel, the angel did say«. Al finalizar ambos bandos cantaron juntos «O come all ye faithful» los británicos y «Adeste Fideles» los alemanes.
En muchos sitios la tregua empezó con una simple llamada, generalmente desde las trincheras alemanas. En otros lugares, representantes de cada bando se encontraron de mutuo acuerdo a campo abierto en la Tierra de Nadie.
Algunos testimonios relatan como, primero unos pocos y luego en grupos, decenas de negras siluetas salían de sus trincheras y se encontraban en mitad de la noche, «Chocamos las manos, nos deseamos Feliz Navidad, y hablamos como si nos conociéramos de varios años. Estabamos enfrente de las alambradas rodeados de alemanes (…)»
Muchos de los que se encontraron en Tierra de Nadie negociaron treguas, «Nosotros no dispararemos si vosotros no disparáis«. Algunas terminaron a media noche del dia de Navidad otras incluso duraron hasta Año Nuevo.

... eran árboles de Navidad

Uno de los principales motivos por los que se negociaron estas treguas no oficiales fue para enterrar a los muertos. La Tierra de Nadie estaba cubierta de camaradas muertos que permanecían durante meses allí donde habían caído. El día de Navidad los dos bandos se dedicaron a recoger a sus muertos, en algunos casos ayudándose mutuamente.

En muchos sectores la tregua sólo duró esa noche, sin embargo fue el día 25 cuando se dieron más episodios de confraternización entre ambos bandos.

El partido

La mayoría de los encuentros consistieron en estrecharse las manos, conocerse un poco, enseñarse fotografías de la familia e intercambiarse tabaco, bebidas y botones de recuerdo de sus uniformes.

Pero el episodio más sorprendente y legendario fue el partido de fútbol que se jugó en Tierra de Nadie entre soldados británicos del Scottish Seaforth Highlanders y soldados sajones, uno de los más célebres de la historia.

Según testimonio del oficial alemán Niemann del 133 Regimiento de Sajonia ,tuvo lugar en el sector de Frelinghein-Houplines cerca de Armentieres. Según cuenta, después de intercambiarse cigarrillos, un soldado escocés apareció con un balón de fútbol y en pocos minutos se montó un partido en el que cada bando hizo las porterías con sus gorros.

Niemann recuerda que les hizo mucha gracia ver a los escoceses con sus faldas y que no pudieron contener la risa al ver que debajo de ellas no llevaban ropa interior. El partido duró una hora, hasta que uno de los comandantes tuvo conocimiento del hecho y ordenó detenerlo. Al parecer los alemanes iban ganando 3 a 2.

Intercambio de regalos en el frente

Los altos mandos

En algunas áreas la tregua duró hasta el año nuevo, e incluso hasta el mes de febrero. Pero siempre en contra de la voluntad de los altos mandos.

El Alto Mando inglés había gastado enormes esfuerzos de propaganda para hacer parecer a los alemanes como salvajes, calificándolos de «hunos» y desperdigando cuentos sobre atrocidades que no habían cometido. La tregua echó por tierra toda su campaña propagandística.
Muchos soldados franceses fueron acusados de traición, mientras que un número indeterminado de alemanes fue enviado al frente oriental, uno de los más duros debido al continuo bombardeo de la aviación aliada.
Presionados por sus superiores, los oficiales reanudaron la batalla, como narró el capitán Stockwell de los Royal Welsh Fusiliers:

Hacia mucho frío. A las 8.30 de la mañana, disparé tres tiros al aire y saque una bandera que llevaba escrito ‘Feliz Navidad’, salté del parapeto. El capitán alemán sacó una camisa en donde estaba escrito ‘Gracias’ y saltó fuera del parapeto, nos saludamos respectivamente y saltamos dentro de nuestras trincheras, entonces él disparó dos tiros al aire y la guerra continuó».

En los años siguientes se ordenaron bombardeos de artillería en la víspera de la festividad para asegurarse de que no hubiera contacto humano en medio del combate. Asimismo las tropas eran rotadas por varios sectores del frente para evitar que se familiarizaran demasiado con el enemigo. A pesar de esas medidas hubo encuentros amigables entre soldados, pero en una escala mucho menor que el año anterior.

Las cartas en las que los soldados narraban los hechos a sus familiares fueron destruidas y algunas informaciones que llegaron a los periódicos británicos se censuraron. Los franceses confiscaron los negativos de las fotografías que algunos soldados habían tomado durante la tregua donde se veía posando a todos los soldados amistosamente.

La tregua en el Daily Mirror

La memoria

Por suerte, gracias a testimonios y algunas cartas recuperadas la historia no fue completamente silenciada.

En 2006 se estrenó la película «Joyeaux Noël» (Feliz Navidad), que cuenta los sucesos que rodearon a la tregua.

Joyeux Noel

Los hechos también fueron retratados en la película «Oh What a Lovely War» de Richard Attemborough, el libro «Silent Night: The Story of the World War I Christmas Truce» de Stanley Weintraub y la canción All Together Now de The Farm.

Pero yo me quedo con una canción de 1983; «Pipes of Peace«, de Paul McCartney.
El vídeo es una maravilla.

 

Fuentes: