Los orígenes, y el fin.

Palabras Relatos

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Escribía y escribía sin parar. No lo podía resistir. Cada noche se sentaba en su silla, cogía el boli y los folios y dejaba volar su imaginación para que su muñeca la capturara y la plasmara en el papel, manchándolo de bonitas palabras y maravillosas historias. Escribía por escribir, por inercia, sin motivo alguno. Al menos, eso pensaba entonces. Tenía un defecto: sólo sabía escribir relatos breves. Cuando intentaba desarrollar una historia un poco más larga se frenaba y su cerebro no le proporcionaba más ideas. Lo intentaba una y otra vez pero no podía.

Una noche se echó a dormir inquieto pensando en eso. Había escrito tres microrrelatos seguidos, pero no podía continuar. Durmió inquieto durante varias horas hasta que despertó sudando. Cogió papel y boli y se puso a escribir. Increíblemente escribió folios y folios sin cesar. Era una historia fantástica, nunca había escrito nada igual, una novela larga, larguísima. Siguió escribiendo sin poder parar. Cada vez que intentaba ponerle fin se le ocurría una nueva idea que daba un incentivo explosivo a la historia. Su muñeca no podía parar, se movía sin cesar y su cuerpo intentaba controlarla.

Llegó un momento en que la muñeca se había independizado casi del todo del brazo, escribía y escribía continuando el relato que parecía nunca acabar. Se sentía asustado, parecía como si su mano ya no dependiera de él. Intentó frenarla por todos los modos, pero era imposible. La mano se resistía con una fuerza increíble, no cedía en su empeño por escribir y escribir. Comenzó a sentir auténtico pánico, terror puro. Los nervios afloraban por todo su cuerpo (excepto por su mano, que ya no sentía nada) y el miedo se apoderó de todo su interior. Intentó moverse, pero su mano era demasiado poderosa y no se lo permitió.

Sumergido en sudor y realmente aterrado, alargó su mano izquierda y abrió la mesilla. La derecha seguía escribiendo. Sacó un cuchillo de caza que guardaba en el cajón, lo asió y, presa del pánico ante la frenética actividad de su mano derecha, lo bajó con fuerza.

El corte no fue limpio y la sangre empezó a asomar. La mano seguía unida y, cómo no, escribiendo. Volvió a bajar el cuchillo y consiguió por fin un corte total, que separaba esa parte extraña que ya no controlaba. La sangre manó a borbotones y un dolor incomparable recorrió todo su cuerpo. No lo soportaba. Lo peor es que él lo veía todo, veía que estaba perdiendo mucha sangre, demasiada. El dolor lo tenía total y absolutamente paralizado. Siguió sufriendo durante horas, viendo cómo salía su sangre, hasta que al final murió allí, sentado en el escritorio.

Mientras tanto, su mano derecha, ya libre del cuerpo, siguió escribiendo sola aquel relato que ya nadie osaría llamar breve. Cuando oyó las sirenas de la ambulancia, hizo acopio de folios y huyó. Continuó su obra durante muchos días, y meses, y años, vagando clandestina por las calles buscando papel. Hasta que un día escribió un título al principio: “Breve historia de la independencia”, y un “fin” al final. Se sentó a descansar y nunca más se levantó.

Un día esa historia fue encontrada por otra mano liberada y liberadora, que borró la palabra fin y prosiguió desgranando palabras y palabras. Nadie ha conseguido leerla y nadie sabe si se ha acabado o continúa, pero todas las manos, cuando las pillas con tragos, confiesan que es fantástica y maravillosa. Suerte, te dicen sonriendo, sigue buscando.

(Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons)

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Comentarios

¡¡Tooooomaaa!!

Me he pasado cientos de horas juveniles leyendo pulps como el “Mystery Magazine”, el “Weird Tales” y el “Amazing Stories”.

Esta joya me ha recordado a algunos de los mejores relatos que se publicaban allí. Sin duda, esta te la habrían publicado en portada.

Gracias por los recuerdos.

Qué guay!
Intentaré recuperar algunos de esos relatos, me has provocado curiosidad. No puedo decir que leyera pulps en mis horas juveniles. Me gustaría hacerlo, pero no puedo.

Ya sé por qué no puedes! tú no eres kike, eres su mano!!! …kikeeeeeeeeerl!!!!

está muy bien, me ha recordado cierta etapa de mi adolescencia…

sin duda esa historia se sigue escribiendo cada día

muy bueno

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