Cortos cuentos de amor XIX

Palabras

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En ese encuentro estaban todos: él, ella y la otra. Recién salido de su club de trabajo, él llevaba aún su rojo vestido de lentejuelas y los tacones le mataban. Sus labios pintados esperaban sedientos la copa habitual y los ojos descansaban cerrados.

En su primer día, ella se sentía como si siempre hubiera trabajado de camarera. Movía su culo entre las mesas haciendo ondular su pequeña minifalda. A su alrededor dejaba rostros en tinieblas que disfrutaban del lento bailar de las chicas semidesnudas. Ella, a lo suyo, no se fijaba. Ni una gota caía en la bandeja.

La otra bailaba, como cada noche, atenta a los detalles. Se movía esperando el momento en que él abriera los ojos y la mirara, enormemente bella como era, y contemplara sus largas y negras piernas mientras las sonrisas se cruzaban con suavidad y calma.

Al descalzarse fue cuando él se fijó en ella, la camarera, que permanecía en pie con una lágrima recorriendo la mejilla, de frente al baile. La bandeja colgaba de la mano y la cara irradiaba emoción. Las miradas y la música, fuera cual fuera, lo hicieron todo. La otra terminó de bailar y bajó a la mesa, a darle cariño a ella, a acariciarle el pelo y a dejar susurros en el oído. Mientras tanto él suspiraba, resignado, por su copa habitual, sin dejarse emocionar por lo que, una noche más, parecía un bonito inicio de una corta historia de amor.

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