Cortos cuentos de amor XXI
Las gotas de sudor salen de mi cabeza, del pelo quizá, y resbalan por mi frente hasta llegar a las cejas. Son tantas que varias consiguen superar ese obstáculo y alcanzan el ojo, y entonces siento un escozor tremendo y debo quedarme quieto porque no veo nada y podría tropezar y caer si siguiera avanzando. El sudor ácido que genero me obliga a apretar con fuerza los párpados y a taparme la cara con las manos. Es así cuando, tras el pico de dolor, imagino una lengua deslizarse por mi frente, una boca soplar sobre mis sufridos ojos, una mano revolver mi revuelto pelo. Imagino unos labios besar mis mejillas y unos senos rozar mi brazo. Imagino, en suma, una diosa, una mujer inmune al mal olor, dispuesta a vivir entre mis fuertes jugos, capaz de amar en intensa cercanía.
Salgo de mis ensoñaciones y reanudo la marcha, empapado, deseando llegar a casa aunque sepa que allí, indefectiblemente, la ducha dará fin al origen de mis fantasías.
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.


otra perla, qué bueno…