El funcionario tras la baja
Cuando, tras algunos meses de dura enfermedad, el funcionario vuelve con el alta, su cara se ha vuelto más huraña. Mira a los demás con los ojos entrecerrados y suele contestar con evasivas cuando se le pregunta por los detalles de su doloroso proceso. Se toma la semana de reincorporación con bastante calma, recorriendo de nuevo los pasillos y contemplando otra vez las vistas desde las ventanas. Hace muecas de dolor en cada parada y, si le queda tiempo, ordena sus cajones y le quita el polvo a la calculadora.
Entre las personas que están a su alrededor, también llamadas compañeros, la actitud hacia el retornado suele variar entre tres distintos grados. Algunos apenas lo saludan y no le preguntan por su estado de salud. Cuando hablan con él se les puede ver mordiéndose el labio y apretando con fuerza, y dolor, el puño. Por eso casi nunca hablan con él. Otros, en cambio, no paran de acosarle con preguntas, con consejos, le dan cremas, le dan recetas. Su compasión arrolla al funcionario, que termina desarbolado y con una importante colección de medicamentos caseros en su armario. Finalmente están los que tampoco hablan mucho con él, lo justo para preguntarle qué médico le dio la baja y qué le dijo para que se la diera. Cuando lo hacen, se miran fijamente y con desconfianza a los ojos. En ese grupo están los jóvenes cachorros que, tiempo al tiempo, acabarán sucediendo al maestro.
El funcionario no se siente a gusto con ninguno de los tres grupos. Quizá sea que no se siente valorado, quizá que se encuentra solo. El caso es que cualquier pequeño detalle, como que se pierda la conexión a Internet en la oficina, provoca misteriosamente que la terrible afección del funcionario vuelva a obligarle a quedarse en casa, o en el parque, o en la playa. La baja vuelve a él como vuelve el agua al mar. Su cara, avatar tras avatar, se irá haciendo cada vez más arrugada, escondiendo entre sus pliegues el recuerdo de lo que, alguna vez, hacía cuando trabajaba.
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“La baja vuelve a él como vuelve el agua al mar.”
Sin duda eres uno de los mayores expertos en oncología del empleo público.
Como decía Manolo Vázquez Montalbán, estamos rodeados.
Buenísimo, man.