SGAE: prioridades claras

La Sociedad General de Autores y Editores es una de las entidades con peor imagen de cuantas pueblan este país. Los criterios en base a los cuales recauda fondos, así como su posterior reparto, su forma de impulsar la lucha contra la piratería, y especialmente el archipolémico canon digital, son objeto de constantes críticas que han destrozado por completo el prestigio que una vez tuvo esta centeneria organización.

Ante esta situación, no hace falta ser publicista ni experto en marketing para darse cuenta de que a la SGAE le vendría muy bien poner en marcha una campaña de lavado de imagen. Donaciones, patrocinios, acciones benéficas… No sería fácil, porque los medios de comunicación acuden con mucha más facilidad a la basura que a la virtud, pero en cualquier caso sería una vía que, en mayor o menor medida, les haría recuperar algunos puntos ante determinados sectores de la sociedad.

Por contra, acciones de avaricia exacerbada y nula solidaridad, podrían llegar a provocar algo que a estas alturas es bastante complicado, pues el listón se encuentra verdaderamente alto: generar aún más aversión. Me temo que lo han conseguido sobradamente.

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Muchos conoceréis, como mínimo de oídas, la historia de Juanma. Este niño almeriense de 5 años de edad padece el síndrome de Alexander, una rara enfermedad neurodegenerativa que afecta a una persona por millón. Juanma se va a ir quedando progresivamente ciego, sordo y tetrapléjico, hasta terminar siendo un vegetal. Los niños afectados suelen morir en torno a los 6 años.

Esta patología no tiene cura. Sin embargo, en EEUU el doctor Albee Messing ha investigado más de 3.000 fármacos para combatirla, de los que 10 han resultado ser “altamente prometedores”. Desgraciadamente, desarrollar cada uno de ellos tiene un coste de 170.000 €, y dado lo poco común de esta enfermedad a las grandes farmacéuticas no les resulta rentable financiar su investigación.

Los padres de Juanma, ama de casa y camionero, son gente muy especial. Toñi, la madre, poco después de conocer el diagnóstico, se dedicó a remover cielo y tierra buscando algo que pudiera salvar la vida de su hijo. Se negaba a aceptar lo aparentemente inevitable. En octubre de 2.007 contactó con el doctor Messing, quien le dio la mala noticia: no había dinero para seguir investigando, y las cantidades necesarias eran astronómicas. Esto habría terminado de hundir a cualquiera, pero los padres de Juanma, como he dicho, son especiales.

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Desde ese momento comenzaron a moverse, y todavía no han parado. Han pedido ayuda a políticos, empresas, artistas, deportistas… a cualquiera dispuesto a escucharles. El grado de concienciación que han logrado es tal, que ya llevan casi 1 millón y medio de €, gracias a los que el doctor Messing ha podido continuar con su trabajo. De hecho, 8 de los 10 posibles fármacos se encuentran en desarrollo, y en julio conoceremos los primeros resultados.

En el marco de esa lucha diaria por continuar recaudando fondos, el pasado mes de abril los padres de Juanma consiguieron algo que daría un gran impulso a su causa: el cantante David Bisbal había aceptado ofrecer un concierto benéfico en la localidad almeriense de Roquetas de Mar en favor de Juanma. Las entradas se agotaron. Organizadores y participantes, incluido Bisbal, renunciaron a cobrar, de modo que el 90% de las ganancias se destinaron a la investigación de la cura. ¿El 90%? ¿Qué había pasado con el 10% restante?

Pues lo que había pasado con ese 10%, como ya podréis imaginar, es que se lo había quedado la SGAE, que desentendiéndose del carácter benéfico del concierto, fue la única en negarse a renunciar a su tajada. Poco más de 5.000 €, miserables para ellos, imprescindibles para la madre de Juanma, que declaraba en relación al asunto: “no me sobra nada para ayudar a mi hijo, pero ellos quieren sus 5.000 €”.

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El aluvión de críticas fue de tal calibre que el pasado 5 de mayo la SGAE se vio obligada a rectificar y realizar una donación a la causa de Juanma por el importe que había cobrado. Incluso tuvieron el detalle de desearle “un pronto restablecimiento”.

Desgraciadamente no estamos ante un hecho aislado. El año pasado se celebró en Madrid un concierto benéfico para la investigación de tres raras enfermedades. El evento no se publicitó adecuadamente, lo que provocó una muy escasa asistencia al mismo, de manera que ni siquiera se consiguió cubrir costes. Pese a las pérdidas, la SGAE cobró su 10%.

Otro caso especialmente sorprendente fue el acaecido en Fuentepelayo (Segovia) donde todos los años organizan un festival anual para niños discapacitados de toda España. Es totalmente gratuito, y ni se paga entrada ni cobran las compañías de teatro que intervienen. En 2.003 la SGAE les llevó a los tribunales: querían su 10%. Sólo tras saltar el escándalo a la prensa rectificaron.

Un último dato. La SGAE ha reconocido que si cobra dinero en los festivales benéficos es porque anualmente se celebran entre 600 y 800, y siendo tantos no tienen tiempo de contactar con los autores de las obras que se van a interpretar en cada uno de ellos para cerciorarse de que aceptan ceder los derechos.

A ver si lo he entendido… ¿estamos ante un problema logístico? Es ciertamente “extraño” que cuando se trata de cobrar esta entidad funcione con un reloj, y estos “errores de gestión” sólo se produzcan en el procedimiento de renuncia a los derechos. Pero es que aún en el caso de que decidiéramos creer esta explicación, las conclusiones siguen siendo igual de negativas: si no tienes medios para cumplir con tus responsabilidades, dótate de ellos o renuncia a las mismas, pero que no sea la beneficencia la que tenga que pagar tus incompetencias.

Resumiendo, de mantener este modus operandi la SGAE tiene garantizada la mala imagen a perpetuidad. Y bien merecida.

  • Fko

    Lo de la Suciedad Gral de Autores no tiene nombre. Supera toda lógica. A veces pienso que su jefe es el Dr. Maligno y quieren conquistar el mundo.

    PD: la foto del piano… genial.