La fiebre del oro
Hace bastante tiempo que cuando pienso en Valencia la visualizo como un poblado de esos que salen en los westerns. Un Saloon enorme con cientos de chicas bailando el Can-Can. Una mina de oro que atrae como un faro a todos los que conocen su existencia. Muchas familias humildes y honradas, rindiendo tributo al alcalde y sus colaboradores o a los cuatreros y sus esbirros, que vienen a ser lo mismo que el alcalde y sus colaboradores pero sin traje. Apuestas, peleas y buscadores de fortuna a patadas.
Eso sí, ni rastro del Sheriff.
A día de hoy el Valencia Club de Fútbol tiene una deuda de 547 millones de euros. 91.000 millones de pesetas. Esto tiene su mérito.
Es muy complicado resumir cómo se ha llegado a este punto, pero imaginad que el club es la más bella prostituta del poblado y los colaboradores, esbirros y cuatreros llevan diez años quitándosela de las manos los unos a los otros.
Bueno, esos eran los créditos iniciales. Ahora presentamos a los protagonistas:
Juan Soler, hijo de papi, heredó una fortuna de su progenitor. Una de las posesiones era la mayoría accionarial del Valencia C.F. Demasiado tentador, asi que en 2004 tomó el control del club. Hace poco más de un año dimitió (marzo de 2008). El día que se fue el Valencia C.F. tenía en la caja 11.000 euros.
Vicente Soriano era vicepresidente en la directiva de Juan Soler. Harto de su extrema incompetencia dimitió en junio de 2007.
Juan Villalonga (exacto, el de Telefónica), llegó a un acuerdo con Juan Soler para dirigir el club en julio de 2008. El acuerdo se rompe días después tras unas duras negociaciones para ampliar el capital del club, que por aquel entonces debía 350 millones. Ganó 714.285 euros por día, 10 millones de euros en dos semanas.
Destituido Villalonga, Juan Soler puso como presidente a… Vicente Soriano. Su misión, vender la parcela del estadio y construir uno nuevo en las afueras con el dinero de la venta, que además sanearía las cuentas del club. Se puede decir que logró la mitad de sus objetivos. La mitad mala: no vendió nada y comenzó la construcción del nuevo estadio. La deuda del club y la crisis financiera hicieron el resto. Se paralizaron (siguen paralizadas) las obras y el club se quedó sin dinero. Los jugadores pasaron la mitad de la temporada anterior sin cobrar. Igual que un par de años antes, acabó dimitiendo de forma “irrevocable”.
Bancaja, máximo acreedor del club decide tomar el control. Selecciona un equipo gestor y pone al frente a Manuel Llorente.
Manuel Llorente había sido uno de los hombres fuertes del Valencia C.F. (en realidad EL hombre fuerte) con los presidentes Paco Roig, Pedro Cortés y Jaume Ortí, desde 1995 hasta 2004, la década más existosa en la historia del Valencia C.F. Salió del club en 2006 de mutuo acuerdo con Juan Soler, debido a que este último se había apropiado de todas sus competencias.
Los tres ejes en los que se basará su proyecto serán: una ampliación de capital de 92 millones de euros, la financiación del nuevo estadio y el ajuste de la plantilla. Equilibrar la cuenta de resultados, vamos.
Ya tenemos sheriff.
Pero claro, esto es Valencia. Las cosas no pueden quedar así. Los humillados cuatreros han vuelto con un poderoso forastero. Su nombre es Dalport y nadie sabe de dónde ha salido. Lo primero que ha hecho ha sido disparar al sheriff.
El pasado 4 de julio (un mes después de su dimisión “irrevocable”) Vicente Soriano anunció la compra del 51% de las acciones del club (entre ellas el 37% de Juan Soler) respaldado por un grupo inversor americano. Su declaración fue: “Sí, he comprado las acciones, pero no puedo decir nada más. Todo se verá“.
Tres días después anunció que el famoso grupo inversor se llama Inversiones Dalport S.A., que tiene “ascendencia valenciana y está dispuesto a aportar 500 millones de euros a las arcas del club. Dejaremos la deuda a cero y seremos el club más saneado de España“. ¿Quién está detrás de Dalport?, le preguntaron. “De la identidad de Inversiones Dalport S.A. sólo puedo decir que se llama Inversiones Dalport S.A.“, respondió. No me digáis que no es digno de un guión de Ford.
Soriano pidió paralizar la ampliación de capital del club, reclamó a Llorente que no vendiera ningún jugador y repartió a la prensa un comunicado oficial del grupo inversor con un logo de sospechoso parecido con un águila de una página web infantil de dibujos para colorear.
No ayudaron a las sospechas generalizadas que no hubiera forma de localizar la página web del potentísimo grupo inversor. Sin embargo pronto se descubren los primeros contenidos de su web, construida a marchas forzadas y con numerosos errores gramaticales. Eso sí, el águila se había rediseñado.
No intentéis pulsar el enlace porque dejó de funcionar a los pocos días. Este era su aspecto:
Al parecer su sede está en un chalet de Boadilla del Monte y su domicilio fiscal en Uruguay, una especie de paraíso fiscal donde existe el secreto bancario.
Lo más gracioso de esta sociedad es la forma de pago de los 500 millones de euros. Ha presentado pagarés que vencen el 31 de julio avalados por unos Bonos Ford en Las Vegas que mostraban en su página web; uno de 500 y otro de 1.000 millones de dólares americanos, firmados por un intermediario llamado Robert Phillip Moore Junior. La misma persona que el Servicio de Crímenes Comerciales de la Cámara Internacional de Comercio de los EEUU (la ICC) confirma que fue condenada en el año 2006 a 30 meses de prisión por un delito de estafa al emitir bonos falsos.
Además, los Bonos Ford son conocidos en el mercado financiero como “bonos basura” por su alto riesgo y escasa fiabilidad.
Así las cosas Vicente Soriano está exigiendo volver a presidir el consejo del club (“Somos el 51% del capital social y nos tienen que dar paso“), algo que debe confirmar el Comité Superior de Deportes, pero que aún no ha hecho debido a las dudas que genera la operación. Aún así el principal objetivo de Soriano está logrado. Ha conseguido paralizar a la masa social en el proceso de ampliación de capital. Nadie quiere poner un dinero que no se sabe dónde irá a parar. Así seguirá teniendo ese supuesto 51%.
La última noticia que tenemos del grupo Dalport es que se reunieron con el consejero de inmigración de la Generalitat Valenciana, Rafael Blasco, y que la conversación fue grabada ilegalmente y vendida al diario Levante-EMV.
Como podéis ver, el duelo en “OK Corral” fue una pelea de novios comparado con esto. Cada semana se produce un giro imposible, esperpéntico.
Y todavía no han aparecido los indios. Peliculón.









jua jua, qué vergüenza… dalpoooorl!!!!