Entre cortinas
Julia, así la llamaré, es una chica rubia que camina siempre a buen ritmo, con decisión, dejando una estela tras de sí. Sea por eso o sea por lo que sea, no se si me explico, la gente la mira por la calle, pero casi nadie la para. Es difícil. Algunos lo intentan pidiéndole la hora o preguntando por alguna calle, pero nunca se detiene. Una vez lo consiguió un mendigo, uno de los que siempre merodean por estas calles, muy insistente, reclamando “una propina para echarme algo a la boca”. La acompañó durante veinte largos metros con esa misma cantinela hasta que ella se paró en seco. Tomó su cabeza entre sus manos y le propinó un sonoro e intenso beso, con lengua y con fuerza. El pobre hombre quedó aturdido, y callado, mientras Julia la rubia seguía adelante con sus largas piernas y yo, oculto entre las cortinas, me desternillaba de risa.
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Comentarios
juajua qué surrealista, yo pensé que le iba a sacudir un cabezazo. Puestos a dar otra vuelta de tuerca, a lo mejor la tía iba masticando un cacho de comida de esos que se quedan entre los dientes, y en realidad la finalidad no era besar, sino pasar el alimento de una boca a otra, que al fin y al cabo era lo que el mendigo pedía…
enhorabuena quini, has vuelto a dar en el clavo…
PD: cuántos sentimientos encontrados se producen con esos cachos de comida. Molestia y curiosidad, pero sobre todo impaciencia. Lo mejor es cuando te das cuenta después de la siesta: “mmm, comida…”.


jua jua jua… muy bueno, kike
a ver si me la cruzo, ahora que me sé el truco…