Los sueños de Atón

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Atón sueña con ser despiadado, cruel, poderoso al fin. Si así fuera, ay, si así fuera, sometería a todos sus compañeros de oficina. Lanzaría por la ventana las mesas y las sillas y los archivadores y al jefe de los archivadores. Sería complacido por ellas y, por qué no, también por ellos. Su mando sería firme y veleidoso y sus minúsculos súbditos se llamarían a sí mismos atones, atones y atonas.

Atón es amable, considerado y con ciertas tendencias serviciales. Es el que prepara el café por las mañanas, el que llama a los enfermos, el que te pregunta en invierno si está bien la calefacción o si prefieres que la suba un grado. La mayor parte del día, tras el primer café, molesta y, por eso, es ignorado.

Todos los días, en la oficina, Atón sufre y de ese sufrir se alimentan sus sueños. En silencio su interior se va poblando de gusanos, revueltos y viscosos, y a veces alguno de ellos asoma una porción por entre sus labios. Nadie lo ve porque ninguno lo mira y, por eso, los atones, y las atonas, no saben lo que les espera.

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Comentarios

Qué maravilla

guau…es aterrador, qué buen retrato psicológico en cuatro líneas…
(“y, por qué no, también por ellos” je je…)

“(…) a veces alguno de ellos asoma una porción por entre sus labios.”

Siiii!

brutal!a mí los Atones siempre me han interesao mucho…por eso estoy preparada…jeje
y es cierto que has clavao el retrato psicológico, tanta amabilidad es una sobrecompensación de la agresividad internaaaaarl!!!!

Al próximo que sea amable conmigo le suelto dos hostias, a ver qué pasa.

buenísimo (no lo malinterpretes como falsa amabilidad que enmascara gusanos)

Como la oficina misma…
Gran relato kike.

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