Iniciativas… ¿educativas?

Los escolares de Francia y España registran, según el informe PISA (Programa para la evaluación internacional de alumnos), unos rendimientos preocupantemente bajos en comparación con el resto de países. A los pobres resultados académicos hay que sumar las frecuentes faltas de respeto (cuando no acoso) que llegan a producirse entre el alumnado. Nuestros vecinos franceses han puesto en marcha una nueva estrategia en Créteil para tratar de potenciar los resultados y comportamiento de sus alumnos: pagarles por ello.

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La iniciativa, que cuenta con el apoyo del Ministro francés de Educación Nacional, contempla un máximo de 8.000 € por clase en el caso de que los resultados académicos, asistencia y disciplina obtengan los niveles más satisfactorios. Este dinero no iría a parar a los bolsillos de los estudiantes, sino que se invertiría en actividades lúdico-didácticas previamente concertadas con ellos (un viaje cultural, por ejemplo). En el caso de que los resultados de la medida sean satisfactorios se estudiará su extensión a nuevos centros.

La ministra gala de Enseñanza Superior se ha mostrado muy reservada, y afirmó no estar convencida con la iniciativa. Por otra parte, los partidos centrista y socialista tacharon el experimento directamente de inaceptable, y algunos sindicatos lo han denunciado por considerarlo contrario a los valores de la escuela republicana.

A efectos prácticos, en mi opinión esto no difiere demasiado de tantas otras argucias ya vistas en el pasado en España, donde desde siempre los niños han sido animados a estudiar mediante infinidad de estímulos ajenos al propio y utópico placer de aprender (caramelos, excursiones, poder salir antes de la hora, evitar un castigo…). Lo que sí es cierto es que, de seguir adelante, Francia estaría dando un paso más, pues institucionaría esta práctica.

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Por su parte, el Gobierno español está contemplando la posibilidad de aumentar la enseñanza obligatoria hasta los 18 años (frente a los 16 actuales), lo cual en mi opinión tendrá unos resultados similares a los ya vistos en el ámbito empresarial, siendo los trabajadores españoles los menos productivos de Europa pese a permanecer más horas en sus puestos.

Creo que en lugar de poner en marcha experimentos de eficacia cuando menos dudosa, sería mucho más sensato analizar qué otras cosas están haciendo en el país cuyos alumnos se encuentran a la cabeza mundial, Finlandia:
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  • Homogeneidad casi absoluta entre todos los centros educativos, teniendo por tanto las mismas oportunidades de aprendizaje en cualquier punto del país
  • Apoyo cultural estatal con una amplísima red de bibliotecas, así como gratuidad absoluta de la educación obligatoria, libros de texto y almuerzo incluidos
  • Profesores con una apabullante formación, siendo la profesión docente una de las que más prestigio tiene a nivel nacional
  • No se dobla ninguna película ni programa extranjeros, con lo que la población se familiariza mucho más con otros idiomas
  • No existen notas ni calificaciones en los primeros cursos, potenciando así la seguridad y motivación de los más jóvenes
  • La carga lectiva de los alumnos es de 6.126 horas entre los 7 y los 15 años, mientras que en España ahora mismo se encuentra en 7.731
  • Gran autonomía de las escuelas a la hora de marcar su plan de estudios, planeándose objetivos semanales de forma consensuada entre profesor y alumnos
  • Una mayor concienciación de las familias, que en su mayoría se consideran los principales responsables de la educación de sus hijos

Viendo las claves del modelo finlandés y observando las brillantes iniciativas de franceses y españoles, creo que las distancias, lejos de acortarse, no van a dejar de aumentar.