Sobreexcitados

(…) siempre tengo un botón ENVIAR a mi alcance. De hecho, envío al día cantidades ingentes de información sin ni siquiera pulsar ese botón. Cada vez es más fácil. Pero esto para mí se ha convertido en un problema: la velocidad de mi cerebro para pensar es más lenta que la velocidad de la red para compartir mis pensamientos.

Y de repente me he dado cuenta de que comparto información por el mero hecho de compartirla. (…)

Leído en blogoff, en el artículo: El hombre que pensaba a tiempo real, provocado por el anuncio de la nueva herramienta “social” de Google, Google Buzz.

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Comentarios

Está bien la reflexión.

De hecho tengo un compañero de trabajo que me envía TODO lo que recibe, sea lo que sea: política, religión, humor, pornografía, deporte… Hasta que le conocí personalmente (está ubicado en otra oficina), lo tenía por un erudito de todas las áreas del conocimiento.

Pero no.

Es una adicción… Creo que tiene que ver con el tecnoentusiasmo que caracteriza a la civilización occidental. Es la deificación de la técnica (ni siquiera la ciencia, sino la técnica). Se reenvía todo simplemente porque SE PUEDE hacer. Como tantas otras cosas que se hacen porque se pueden hacer, no se filtra con preguntas como ¿SE DEBE? ¿POR QUÉ? o ¿PARA QUÉ?…
Otro gran ejemplo de algo que se hace simplemente porque se puede hacer fueron los discos de duetos de Pavarotti and friends… (!?)

Totalmente de acuerdo, me gusta esa palabra: tecnoentusiasmo. Es una vorágine peligrosa, no por las consecuencias inmediatas (la generación de basura y el atontamiento generalizado que provoca) sino por la silenciosa y progresiva desaparición del Individuo.

Nunca en la Historia de la Humanidad hubo tantos seres humanos con un comportamiento tan homogéneo.

La verdad es que este tema me apasiona.

Recomiéndote pues a Jorge Riechmann, que entre otras cosas teoriza sobre el tecnoentusiasmo, por ejemplo en su libro “Gente que no quiere viajar a Marte” (ed. Catarata), un ensayo sobre ética, ecología y autocontención que pertenece a una pentalogía que ha escrito sobre estos temas.

Todo se resume en el “Comparto, luego existo”.

qué bueno es eso de la autocontención. No pasa mucho.

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