Tras los pasos de León: Miércoles

Semana de penitencia

Los penitentes salen a la carrera detrás de León, sin embargo nuestro protagonista alto, moreno y esmirriado no tiene mayores problemas en dejar atrás a los del cucurucho color lila, que al grito de ¡ya te cogeremos! y ¡nos las pagarás! desisten y abandonan la persecución.

Los rayos de sol caen con fuerza durante las horas matutinas y las sombras de otros penitentes ataviados con sus capirotes, repartidos a lo largo y ancho de la ciudad, se alargan por las aceras. El intenso dolor de cabeza que sufre León no le deja mucho margen para pensar. Deambula por la urbe mirando a izquierda y derecha, tratando de recordar o en su defecto ver algo que le aclare qué diablos fue lo que sucedió la noche anterior.

De pronto, se detiene junto a la fachada de un viejo edificio que está casi en ruinas. Por sus ventanas rotas se escapa el ruido procedente de un concierto de punkrock que tiene lugar en el inmueble abandonado. Sin embargo, no es esto lo que centra la atención de León. Junto a la puerta del edificio declarado en ruinas por el ayuntamiento, hay fijado un cartel de color rojizo y con letras estrambóticas en el cuál se anuncia para hoy la última función del Gran Circo Palabras y Malabares para las 18:00 horas de esta tarde. En el mismo puede leerse que el espectáculo circense finalizará con una novedosa y arriesgada actuación del novel e intrépido trapecista León Neón.

Pies en polvorosa, nuestro protagonista decide acudir al recinto circense, ubicado en un descampado de la ciudad. León camina con rumbo fijo, algo en su cabeza le dice que debe visitar ese lugar. A una distancia prudencial y semioculto entre unos pequeños setos, León observa la gran carpa del espectáculo rodeada por un enorme vallado. Dentro del perímetro se encuentran varias fieras encerradas en sus respectivas jaulas y un enano rojo, calvo y con orejas puntiagudas, que hace las funciones de domador y vigilante.

Tras varios minutos oteando el horizonte, decide aproximarse hacia la gran carpa del circo. Tan sólo le separan unos veinticinco metros del vallado cuando oye una voz que grita en tono arisco su nombre ¡León! ¿Pero dónde te habías metido? ¡Quedan menos de cuatro horas para que comience la función y no has dado señales de vida! ¡Estábamos a punto de llamar a la policía! El encargado de pronunciar la retahíla de frases no podía ser otro más que el enano rojo y gruñón.

León no sale de su asombro. Es como si padeciera amnesia temporal. No recuerda nada. Ni quién es ni mucho menos dónde trabaja. Es tal la incertidumbre que invade a León que decide entablar conversación con el de tamaño pequeño. Pero… ¿nos conocemos? ¿Acaso tengo algo que ver yo con el circo? –pregunta León-.

El enano se queda pasmado ante las preguntas formuladas por León. ¡No me jodas, León!, ¿me tomas el pelo? ¿no te habrás drogado? -pregunta el enano-. Llevas trabajando cinco años aquí y eres el mejor trapecista de nuestra compañía pero…por desgracia hoy es nuestra última función. El circo no atraviesa un buen momento y los propietarios han decidido dar por concluido el espectáculo.

León se queda atónito, no sabe qué responder. Hace un esfuerzo titánico para tratar de recordar algo pero todo es en vano hasta que… ¡de pronto tiene un flashback! Le vienen a la memoria vagos recuerdos sobre su ensayadísimo ejercicio: balanceos en un columpio, impulsos, saltos y una gran red debajo, casi besando el suelo, que por suerte nunca ha llegado a tocar…pero al mismo tiempo sus neurotransmisores reciben otro tipo de señales provenientes de la noche anterior: grandes dosis de alcohol, capirotes y besos.

León le comenta al diminuto hombrecillo que recuerda estar en una discoteca charlando con una mujer alta, morena y con ojos de color verde. Ya sabía yo que esa tal Aurora… ¡no era de fiar! –proclama el enano-. ¿Se puede saber quién esa tal Aurora?, pregunta el protagonista de la Penitencia Week. ¡Venga ya, León!, exclama el pequeño hombrecillo. La taxidermista y devota de la Semana Santa –penitente de la Cofradía del Puño- con la que estuviste hablando casi dos horas para ligártela y con la que apostaste…

¿Apostar?, pregunta León. La conversación se interrumpe. Alguien reclama a gritos al enano desde dentro de la carpa que tiene un agujero en su parte más alta. El diminuto hombrecillo se enfunda un casco negro y se mete en un cañón bala del que sale disparado. Entre tanto, León trata de recordar algo de lo sucedido la noche anterior.