“Anclar en la Alpujarra”, Luisa Mª García (2010)

Nos ha faltado tiempo, unos meses, un año quizás.
El caso es que nuestra recién nacida editorial Pªlabras no ha llegado a tiempo. Y es una pena, porque no se me ocurre mejor acompañante para “filo del tiempo” que este “Anclar en la Alpujarra“, el primer libro de nuestra colaboradora, inspiradora, motivadora, escritora, compositora y cantante Luisa.


Por si fuera poco habernos quedado sin esta joya editoral, y a pesar de estar invitados y avisados con antelación, tampoco pudimos asistir a la presentación.

Las intervenciones se sucedieron de derecha a izquierda: en primer lugar Juan Pedro Vázquez que presentó el acto. Le siguieron Gracia Navarro Oña y Emilio Esteban Hanza, autor del prólogo. Finalmente tomó la palabra Miguel Naveros que calificó la poesía de Luisa como “una mezcla de dos corrientes: la poesía de la experiencia y la poesía de la conciencia” y la invitó a formar parte del Instituto de Estudios Almerienses.
Para cerrar el acto Luisa recitó algunos de sus poemas ante sus vecinos de Canjáyar; todo un lujo.

De acuerdo, no lo hemos publicado; ni siquiera hemos asistido a la presentación; pero lo que sí hemos hecho ha sido leerlo. Y disfrutarlo. Y si algo se nos da bien es compartirlo y contarlo. Y quién mejor que josemalo, poeta granadino y entusiasta integrante de “Palabras, …” para contar. Para compartir:

 

 

 

 

El pasado domingo 18 de abril de 2010 se presentó la obra Anclar en la Alpujarra, de Luisa María García Velasco. Fue en el marco de las fiestas de Canjáyar, en la Alpujarra almeriense, un lugar cuyo presumible encanto parece haber sido presa fácil de la intuición poética de Luisa.

Anclar en la Alpujarra no es sólo un poemario, es una obra compleja en el sentido filosófico del término, un caleidoscopio de creaciones, evocando las palabras que dedica a Luisa su amigo y prestigioso escritor Ian Watson. Es un poemario, pero también es un canto, es una metáfora, es una inmersión en un trozo de historia y de cultura, es un óleo de trazo impresionista, es un regalo a sus vecinos, es un hechizo, es un esbozo autobiográfico, es un gesto de arraigo y es una declaración de amor, o quizá dos: una a Canjáyar y otra a la poesía. Y quizá otra más a la vida, al buen vivir.

Palabra sobre palabra

En una primera lectura a vista de pájaro -de gaviota, probablemente- cabe apreciar la sugerente “arquitectura” del texto, que no se limita a recopilar una serie de poemas más o menos hilvanados alrededor de una temática, sino que asume una imagen metafórica unitaria, la de Canjáyar convertida en un barco, como el argumento que vertebra toda la obra. Un argumento, además, impecablemente desarrollado, lo que otorga al conjunto del texto una consistencia tan despreocupada como llamativa. Así, cada tramo del libro está dedicado a una de las partes del barco: la llegada, la proa, la cubierta, el cabrestante, los costados, el ancla y la popa. El primero de ellos, la llegada, revela que el sujeto narrativo es la autora en su recorrido por cada una de las partes de la embarcación. Este no es un detalle intrascendente. No se trata de una mera descripción al estilo de los viajeros románticos. Sin renunciar a esa herencia literaria, sabe superponer a la lectura del paisaje la lectura de la vivencia individual, ubicando la obra en el centro de su personal (¿e intransferible?) subjetividad, logrando en cierto modo un interesante maridaje entre tradición y contemporaneidad, entre paisaje cultural y experiencia individual.

Esbozo (na)vío-gráfico

La imagen del navío anclado en la Alpujarra es la primera visión que tuvo la autora de Canjáyar, varado en el paisaje que la vio llegar para quedarse. Esa sugerente imagen, de algún modo “fundacional” en su particular vivencia de Canjáyar, se constituye de ese modo no sólo en el eje argumental del poemario, sino en el hilo de su experiencia vital en el pueblo.

De manera que el “nacimiento” de Luisa en Canjáyar, simbolizado en esa imagen, viene a constituir el punto de partida del libro, mientras que al final llega incluso a expresar el deseo de quedarse para siempre:

En este sentido, el texto es capaz de aludir a un lugar anclado en el paisaje de la Alpujarra, pero también a un tiempo anclado en el paisaje interior y subjetivo de la autora. También en ese sentido es una obra redonda.

La musicalidad

Una de las cualidades de la poesía de Luisa reside en su musicalidad, en el logrado ritmo de su acentuación interna. Cuando uno se sumerge en su lectura no resulta difícil imaginar que en realidad el barco es el lector y sus versos el mar. Sólo hay que dejarse llevar por el vaivén de las olas. En este texto, a la escritura de Luisa le late el corazón a endecasílabos, parecida a la armonía de un caminar tan elegante como despreocupado:

Es una escritura que lleva la música en la sangre hasta tal punto que es posible descubrir, en los tramos del libro que se desarrollan en prosa, otros endecasílabos probablemente huidos del poema:

Una musicalidad tan lograda que, como alguien dijera de Rubén Darío, si se lee en voz alta se prestaría al baile de salón si algún día se estropea el altavoz.

Poesía revelada

Es también esta una poesía que podríamos denominar de código abierto. Anclar en la Alpujarra es una sabia lección de poesía. Cada una de las partes del libro (del barco) viene precedida de una introducción a la mirada que subyace al poema, una suerte de versión en prosa (que no prosaica, en su acepción peyorativa) que muestra con naturalidad las entrañas de la creación poética. ¿Quién dijo que la poesía no se puede explicar? Aquí se pudo, y añadiendo calidad literaria al conjunto. Frente al hermetismo de algunas corrientes de la creación poética, resulta un acierto esta manera tan espontánea de acercar la poesía a la gente, especialmente en este caso en que la obra pretende ofrecerse a los vecinos de Canjáyar. Una poesía de alto nivel literario y, al mismo tiempo, de un extraño entronque natural con la sensibilidad popular, dejando entrever un manejo solvente de registros poéticos diversos. No en vano se ha dicho, ya en más de una ocasión, que Luisa se sitúa al margen de las estériles polémicas entre corrientes y queda fuera de toda etiqueta, al igual que lo hace Aurora Luque, por ejemplo, quien por cierto, también tiene un ancla en la Alpujarra, en este caso en Narila. Fértil comarca literaria la Alpujarra…

El cuidado formal

Se puede apreciar también en estos poemas una serie de aciertos igualmente notables en el manejo de determinados recursos formales, iluminando un ángulo más de su naturaleza poliédrica. Valga este ejemplo, en el que, por si no fuera poca la inteligente sutileza con que alude a la vivencia de un tiempo mordisqueado, riza el rizo de la belleza separando los primeros versos para acentuar la idea:

O este otro, que da muestra de una capacidad intuitiva sorprendente, “dibujando” con el verso las curvas cerradas de la carretera que serpentea entre los valles:

La mirada

…Y, sobre todo, la mirada poética de Luisa y su excepcional capacidad de mostrar lo que está oculto a nuestros ojos.
La poesía de Luisa parece disponer del control de las teclas que regulan las escalas del tiempo y el espacio. De repente, es capaz de detenerse en un pequeño rincón del universo, fijar la mirada en un manantial y desde ahí contemplar los siglos de historia que lo han traído hasta hoy, viendo pasar todos los labios que se le acercaron, recogiendo el testigo de la vida, en una serie infinita a lo largo de cientos de años:

Allá donde quiera que se ubique su mente, parece gozar de vistas privilegiadas. Se ubica su balcón en primera línea de la eternidad.

Y todo ello cuajado de perlas de sabiduría, que bien podrían figurar tanto en un texto epicúreo como en el refranero popular…

Tan abundante es el caudal poético del interior de Luisa que, de repente, se cuelan, en un canto a Canjáyar, unos versos de amor impresionantes, capaces de retratar la alegría de los primeros años de convivencia con su pareja, insinuando un clima anímico interior que al mismo tiempo evoca la luminosidad de sus primeros años en el pueblo, convertido en cómplice de su relación:

La mirada. La mirada que convierte en oro cualquier instante sin relieve.

Cabría recoger muchos más pasajes del libro en referencia a esta excepcional cualidad de la autora.
En algún momento puede leerse:

Sólo, dice.

A través de ese brillante saber mirar, este libro es, también, una enorme devolución. Si Canjáyar le viene regalando a Luisa, en estos años, toda una tierra para sus raíces, ahora Luisa a Canjáyar, a base de palabras brotadas de esa savia, le ha regalado nada menos que el mar.

Anclar en la palabra

Canjáyar quedó anclado en la Alpujarra, quedó Luisa anclada en su Canjáyar, y en Luisa quedó anclada la palabra. En esa concatenación de fondeos llegados a buen puerto, regala Luisa a sus convecinos una ensoñación sensible e inteligente sobre su identidad colectiva. Y al mismo tiempo nos regala a todos una hermosa metáfora de la vida entendida como aventura existencial, plasmada en la idea del viaje que simboliza el navío. Un viaje de aventuras que comienza, paradójicamente -de ahí la complejidad y la riqueza de la imagen-, en el acto de anclarse en un lugar del mundo.

En el sencillo gesto que aparenta ser este libro, proyecta Luisa una mirada poética sobre su pueblo que, presumimos, está destinada a permanecer, a formar parte del patrimonio de la cultura popular. Cómo si no, explicarán las futuras generaciones de Canjáyar a sus invitados la verdadera naturaleza del suelo que están pisando: “es un barco”, señalarán orgullosos desde la cubierta detallando sus partes, convertidos desde hoy en marineros por obra de un acto de ilusionismo a cargo de la varita hechizada de Luisa. La magia es lo que tiene.

Porque sospechamos que Luisa, con toda sencillez, ha logrado colar una estampa mítica en el imaginario colectivo de un pueblo. ¿Puede un poeta pedir algo más? Y lo que es más importante ¿puede un pueblo pedir algo más a sus poetas?