Mudanza

Fui durante unos años viajera organizada,
caminante segura de los tiempos, vecina
de aquella calle triste donde vivió Sabina
y de avenidas rectas de estructura acordada.

Llevaba en cada caso horarios de llegada
y de salida, planos de cada marquesina,
de estaciones y rutas cómodas, sin esquinas,
sin sorpresas ni baches. Con la senda trazada.

Y hoy me mudo, de pronto, a la calle Improviso.
Abandono los sótanos de la Melancolía
y, mochila a la espalda, echo a andar lentamente.

Respiro al fin oxígeno que llega sin aviso.
Y me embriago de gozo: de empezar, cada día,
sin saber qué me aguarda al segundo siguiente.