Malabares

Comencé con dos platos en el aire. Despacio al principio, más rápido después… Puedo con más, pensé, y añadí otro. Y satisfecha por mi habilidad, decidí que podía con uno más. Con otro par incluso…

Diez horas o diez años después (yo misma había perdido la cuenta) me vi inmersa, aún no sé cómo, en la vorágine de hacer malabares con toda una vajilla. Me organizaba lanzando primero los platos de postre, y sin perder de vista los llanos corría a recoger los soperos, pendiente, cómo no, de las fuentes que entraban de tarde en tarde en órbita, de los vasos, de las copas. Más rápido, más rápido, sin fallar un segundo… Y así una vez, y otra.

Hasta la tarde T del día D. No sé ni si hacía sol, hacía años que había olvidado mirar por la ventana. Ocurrió la catástrofe, lo inevitable. Falló una pieza que rompió la maquinaria de mi rutina vertiginosa y sincronizada y perfecta. Y un momento después, sin transición, sin previo aviso, me vi sentada en el suelo rodeada de fragmentos de loza, de trozos de platos rotos.

La tarde T marcó el comienzo de mi vida. Recogí los pedazos despacito, recuperé el aliento, me levanté.

Y fui al aparador. Busqué la vajilla de lujo, la de las grandes ocasiones, la importante. Sólo dos platos, tres a los sumo. Los más bonitos, las joyas de mi colección. Únicamente ellos. Y los cogí con mimo. Nada de malabares esta vez. Busqué mi mecedora y me los puse en el regazo. Y me permití, durante un buen rato, acariciarlos, disfrutar su porcelana fina y de lo extraordinario de sus imágenes.

Y todo eso, por supuesto, con la ventana abierta. De par en par.

  • Quini

    espectacular
    genial
    brutal

    creo que se entiende que me ha encantado, ¿no?

  • josemalo

    quién no se ha sentido identificado alguna vez con esa imagen… ay
    y ahora disculpen, tengo que atender a mis platos!

  • Fko

    Jeje bravo Luisa!

    Es lo que pasa con las maquinarias vertiginosas. Que tarde o temprano, se rompen.

  • rafa

    bravo, bravo, y eso sí, las ventanas abiertas. Que si se rompe algún plato, que se enteren los vecinos…

  • Luisa María

    Pues… gracias a todos. Celebro que os guste. Por supuesto es un texto autobiográfico: más de una vez ( y más de dos) me han caído todos los platos encima. Pero creo que voy aprendiendo a seleccionar las mejores piezas y a disfrutar de ellas en vez de tratar de mantenerlas en el aire (errores de juventud…).

    Abrir las ventanas no es mérito mío, sino de las personas que de vez en cuando, cuando me ven a oscuras, se acercan con decisión y desde fuera dan una patada al postigo. Y entre la luz que entra a raudales y el escándalo que arman (porque son siempre amigos, y me llaman a voces) claro, no me queda otra que frotarme los ojos y levantar la vista…

    Gracias por entrar en mi casa sin preguntar, a saco, cuando os necesito. Por arrancar persianas y cortinas e inundar mi habitación de Palabras.

    :-)

  • Ángelo

    ¿Veis? Estas son las cosas que ocurren en la calle Improviso.
    Cierras los ojos, te dejas llevar por un impulso… y cuando te das cuenta, has roto los obstáculos que te retienen y caminas con aire fresco, con aire renovado, libre y tranquilo.

    Me encanta “Malabares”. Me estoy convirtiendo en tu fan lector número uno. He visto otros títulos tuyos en el blog, que sin lugar a dudas voy a leer.
    Enhorabuena por la traducción al portugués.