La indiscriminada lucha contra la piratería

A lo largo de la historia, la industria del videojuego en PC ha ingeniado multitud de estratagemas, tanto físicas como digitales, con objeto de tratar de minimizar los dañinos efectos que la piratería tiene en sus ingresos. Hasta ahora, todas han sido vencidas.

Las primeras que recuerdo se basaban en la realización de una pregunta al usuario antes de comenzar la partida. La respuesta a la misma solía hallarse en el manual de instrucciones, por lo que era imprescindible tenerlo para poder jugar.

Este fácilmente burlable sistema (bastaba una fotocopia) fue evolucionando con el tiempo. Así, desde la llegada del CD, muchos juegos exigen que el disco se encuentre presente permanentemente en el lector para jugar. Esto, aunque es cierto que supone poco esfuerzo, a mí personalmente (quisquilloso como pocos) me resulta un engorro innecesario, pues cada vez que me llevo el portátil de una casa a otra, he de cargar con la correspondiente ristra de juegos.

Otro ejemplo es la obligatoriedad de registrar los juegos vía internet, con lo que los usuarios sin acceso a la red quedan excluidos como potenciales compradores.

Pero el sistema que algunas desarrolladoras están probando recientemente, y que me parece especialmente gravoso, es exigir que el jugador esté conectado permanentemente a internet durante todo el tiempo que desee jugar, aunque no esté haciendo uso del multijugador, con los problemas que ello ocasiona cada vez que se produce el más mínimo fallo en la conexión.

Lo peor de todo es que los piratas siguen logrando eludir todas estas protecciones, con lo que los únicos damnificados resultan ser los compradores “legales”. Es totalmente comprensible que estas empresas luchen contra la piratería, pero deberían cuidar el modo en que lo hacen, porque con este tipo de políticas sólo consiguen fomentarla.