El reproductor 3D

Hace un par de meses dediqué un post a exponer los motivos por los cuales, a mi juicio, el cine en tres dimensiones no cuenta todavía con el desarrollo tecnológico suficiente como para ser ofrecido al público. Difícilmente podía yo sospechar por aquel entonces hasta qué punto eran acertadas mis palabras. Atención a la anécdota, sin pies ni cabeza, por supuesto acontecida en EEUU.

La neoyorkina Jennifer Stewart, casada con el militar Erik Johnson, tuvo recientemente un retoño. El tal Erik, perspicaz como pocos, hizo un par de números y se dio cuenta de que, en el momento de la concepción, él se encontraba destacado en Irak, con lo que difícilmente podía ser el padre de la criatura (salvo jugada “Boris Becker”, que no era el caso).

Tampoco terminó de disipar sus sospechas el hecho de que el bebé fuera negro, y tanto él como su esposa blancos.

Aún dubitativo, decidió armarse de valor y pedir explicaciones a Jennifer al respecto. He aquí la creíble explicación: según esta señora, la concepción se produjo como consecuencia de… ¡ver una película pornográfica en 3D! Para más sorna, la madre afirma que el niño se parece mucho al actor protagonista del film, al que en cualquier caso desmiente conocer personalmente.

Ante esta sorprendente versión de los hechos, que en nada tiene que envidiar a la que le dio María a José, ¿qué pensais que hizo el preclaro y sagaz Erik? ¡Creérselo! Atención a sus declaraciones: Es sospechoso, pero las películas en 3D son tan reales… Con la tecnología de la actualidad todo es posible.

¡Ahí lo tienen! ¡Con el 3D todo es posible! ¡No estamos preparados aún para esta tecnología! ¡Observen sus impredecibles consecuencias! ¿Cuantas fieles y virtuosas mujeres han de quedar preñadas digitalmente para que alguien haga algo?

P.D.- no, no me lo he inventado, he aquí la noticia original.