Tu nombre, Saramago
“El jaramago es una planta que suele actuar como alarma o catalizador ecológico: su presencia masiva denuncia campos baldíos, jardines descuidados, solares recién recalificados o dispuestos a serlo que esperan la fructífera lluvia del cemento…”
Hace tiempo que quería leerte, Saramago. Lo confieso, aún no había disfrutado de ningún libro tuyo. Formabas parte de esa lista larga de cosas que hay que hacer, y que se van dejando… Había leído sobre ti, pero no a ti. Mañana, un día de estos, me decía.
Y fíjate, has tenido que morirte para llegar a mi puerta, llamar con decisión y presentarte en mi vida. Aquí estoy, parece que me dices. Ya es hora. Ponme al principio de esa lista tuya, que ya es hora. Y hace unos días, quien mejor me conoce en este mundo se presentó en casa trayéndome Caín, sabiendo (como sabe tantas cosas mías, y sin mediar palabra) que era justo el título en el que yo pensaba para empezar mi relación contigo.
Así que ahora, José, vives junto a mi cama. Y cada noche pones semillas en mis sueños, semillas de palabras y de ideas que al día siguiente, al sol, maduran y florecen y me sorprenden siempre, porque nunca sé qué flores o qué frutos van a darme. Unas veces son claros y brillantes, y llenan de luz mis espacios, y otras veces me asustan, me agitan, me angustian, porque tienen hojas desconocidas y desafiantes que me llaman a gritos. Y no sé si soy lo bastante valiente para acercarme y oler esas flores y cortarlas y llenar mi casa con ellas, ni si me atreveré a comer de esos frutos que sé a ciencia cierta que van a cambiarme y a cambiar mi vida.
Has muerto, Saramago, pero estás. Más que nunca.
Tu cuerpo, simplemente, ha cambiado de estado. Jaramago es tu nombre en castellano, y quizá por eso quiero imaginar que un día serás jara o jaramago en cualquier monte, en el suelo más ácido y más árido de esta balsa de piedra. Y allí estarán, José, parte de tus moléculas hechas flores y aroma, denunciando abandonos y tierras yermas. Igual que han hecho siempre.
Y tu mente se queda, presente en tus palabras. Los que aún somos cuerpos recogemos el testigo, enarbolamos la bandera de tus principios que son, fundamentalmente, los de un hombre bueno. Tomamos el relevo para hacerla visible desde cualquier esquina, la que cada uno habita: mi habitación, tu casa, mis ideas, las tuyas, nuestras dudas, nuestras diferencias, nuestras coincidencias. Si es que somos capaces.
Desde mi posición, desde mi ámbito, sin dejar por ello de ser fiel a mí misma, hoy sumo mis palabras menudas a las tuyas; agrego mi actitud a tu línea de fuego, y me coloco en el furgón de cola de este tren que encabezaste un día. Y no se nota, porque soy muy pequeña. Pero eso es lo de menos. Porque no soy la única. Yo sumo mis palabras. Otros añadirán su lápiz, sus pinceles, sus versos, sus canciones, sus esculturas, sus fotografías. O simplemente su comportamiento, que es lo más difícil. Y el tren se hará más largo. Y al final tendrá que ser, sin más remedio, visible, y dejará de ser este tren fantasma que lleva siglos recorriendo la historia.
Jara que denuncias las conciencias baldías, mago de las palabras y de la inteligencia. No podías, Saramago, llamarte de otro modo.
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Comentarios
es precioso, Luisa. “Presente en tus palabras”, y en Palabras. Gracias a los que lo traéis aquí y hacéis que esté, más que nunca.
Precioso, las palabras te brotan con tanta sencillez…. me ha gustado mucho.
Siempre decimos lo mismo, pero de nuevo gracias luisa por tus palabras. jajajja. sigue así. que nosotros seguiremos disfrutando de ti y contigo. saludos.



Muy bonito Luisa, brillante como todo lo que escribes. Besos.