Otros verdores
‘(…) y aunque nos enfrentemos con la duda
con la esperanza vamos adelante’
Mario Benedetti. Soneto de la esperanza.
Juan empieza su conferencia hablando de la esperanza. Según Saramago sólo los pesimistas pueden transformar la realidad. El optimismo sólo puede ser ingenuo y por tanto incapaz de comprender para transformar. Sólo los pesimistas pueden. Pero pesimistas que mantengan una dosis de esperanza.
El salón de actos de la facultad de arquitectura de Montevideo no se llama de cualquier manera.
El martes visitamos la costa oriental del Uruguay. Salimos desde Montevideo hacia Punta del Este, un paisaje de dunas y pinares muy parecido al entorno de Doñana, donde las playas forman bahías paradisíacas a las que todos los años acuden las ballenas y los argentinos.
Antes hacemos una parada cerca de Atlántida porque allí está una de las joyas que el ingeniero Eladio Dieste levantó a base de ladrillos, mortero y conocimiento.
En otra ocasión Dieste cubrió un galpón salvando 50m de luz sin apoyos intermedios. Nada de acero: con ladrillos. Barro del suelo.
Juan sugiere que en este país hay un poso cultural que tiene que ver con la fe, algo que en España se ha perdido. La fe en distintas versiones, estilos y manifestaciones. En un rincón de Montevideo hay un cartel donde puede leerse “Iglesia de Dios Ministerial de Jesucristo Internacional”. Ha debido jugar en la selección, conjetura Luís. Y debajo del cartel, en letras grandes: “El Show de la Fe”.
En otro rincón de Montevideo hay otro cartel donde puede leerse “Cooperativa 3 de abril” frente a un monumento conmemorativo: una carretilla de obra. En el año 1968, mientras París desentierra sus playas y la economia mundial se acerca a su primera crisis energetica, Uruguay estrena su Ley de Cooperativas. Poco después, en 1970, la Cooperativa 3 de abril ha comenzado a caminar.
Hoy, cuarenta años y varias crisis después, mientras escuchamos como empiezan a crujir las costuras del planeta, en los sures siguen pasando cosas. Quique vive en (desde, por, para…) la cooperativa Las Bovedas, en el borde de la ciudad vieja de Montevideo. Cerró el boliche donde estaba contratado y donde pensaba que pasaría toda su vida laboral, pero encuentra empleos en la construcción gracias a que aprendió el oficio en el proceso de construcción de su vivienda y la de sus vecinos, una casa patio rehabilitada por ellos hace unos diez años que además es patrimonio histórico. También hoy se están levantado en otro punto de la ciudad 600 viviendas más en la cooperativa 26 de octubre.
Y tambien hoy, aquella Cooperativa 3 de abril sigue funcionando y, al menos en lo que se refiere al hábitat, se intuye una calidad de vida de primer nivel. Cuentan con calles amplias, arboladas y tranquilas donde juegan los niños, disponen de edificios y servicios comunitarios autogestionados. Las 300 viviendas son propiedad colectiva de los cooperativistas, que controlan las decisiones sobre todo lo que ocurre alli.
Entre tanto, hablan los grafitis en las paredes de Montevideo:
“Ánimo compañeros, que la vida puede más”
“En los sillones se incendian los sueños”
“Marte para los marcianos”
“La memoria es el lugar donde las utopías son posibles”… Se atreve uno a pensar que esto sólo puede decirse en un lugar donde algunas utopías han dejado de serlo.
Sólo pueden transformar la realidad los pesimistas que mantienen una dosis de esperanza.
Nos cuentan que acá, en las playas del este, a veces se da un curioso fenómeno atmosférico: cuando el sol prácticamente se ha hundido en el horizonte, asoma un último rayo de color verde.



He aprovechado la lectura para meterme algo en la página y sentirme subyugado por ella. Me alegra tener amigos que son capaces de crear con la palabra. Comparto con algunos la convicción de que los asuntos esenciales están más cerca de los poetas que de cualquier otro profesional o personaje.
Espero seguir conectando y supongo que he desarrollado bien el proceso de subscripción a palabra, palabra, palabra…