life in mars

Palabras

Creative Commons License

‘(…) Para que o sonho viva da certeza
Para que o tempo da paixão não mude
Para que se una o verbo à natureza’

Vinicius de Moraes. Soneto da Rosa.

Hablar de Brasil es muy difícil, casi tanto como irse de allí voluntariamente.
No quiero caer en los tópicos. Así que, después de darle muchas vueltas, voy a referirme sólo a dos aspectos de la compleja y poliédrica realidad brasileña: el fútbol y el samba.

El Fútbol

Aterrizamos de noche en Río de Janeiro. Puede que sea la ciudad del mundo a la que se han dedicado más canciones. No es para menos. Dan ganas de hacerse músico sólo para hacerle una canción a Río. Ocho o diez años en el conservatorio, una canción a Río y chau, a otra cosa.
Viene a buscarme Diana, mi anfitriona de casa y de alma (eu adoro você). Vamos urgentemente a comer feijoada al Bar Mineiro, en Santa Teresa. En cuanto la pruebo empiezo a falar en un portuñol prácticamente puro. Tengo casi un problema con esto. Adoro el portugués de este país, este merodeo impresionista alrededor de las palabras. El mundo, dicho en portugués, es otro planeta.
Salimos del bar y veo en un cartel electoral a Bebeto. Sí, sí, el del Depor. Va para diputado. Yo creo que lo hará bien, era un buen delantero.
El día siguiente vamos a Itacoatiara, de cuyas texturas ya dimos cuenta en entregas anteriores. Pero vean esto, por favor.

Qué me dicen…
En esta playa hay varias cosas que no entiendo, pero hay dos que me atormentan especialmente. No entiendo por qué la gente va dentro de esos cuerpos y no entiendo por qué no vine antes.
Tampoco entiendo por qué tanta gente juega bien al fútbol. En la orilla hay corrillos jugando al toque, a que el balón no toque el suelo… y lo consiguen. En España lo normal es que al tercer toque –en el mejor de los casos- el balón termine en el agua y la gente en el chiringo.

Otro día, después de una sacrificada mañana en la playa de Ipanema tomando cervezas, Diana me lleva de nuevo al barrio de Santa Teresa. Antes pasamos por la escalera de Lapa, alicatada hasta el techo por un artista del barrio que incorporaba aportaciones de azulejos foráneos, tal vez alguna les resulte familiar.

Ya en Santa Teresa llegamos al histórico Bar do Gomez, “en el corazón del barrio”, como diría un periodista mediocre (valga la redundancia). Una multitud se agolpa en la entrada. La pantalla mais grande do mundo regala a la calle el derby Vasco- Flamengo. La mayoría de la gente es del Flamengo, que viene a ser el equipo de los sectores populares. El Flamengo va perdiendo 1-0.

En el bar de al lado también hay una tele con el partido y hay dos filas de gente haciendo cola. Me fijo mejor y no… no son colas. La gente llega y se va situando en un punto que le permita ver la pantalla. El resultado es el haz de visibilidad del fútbol lleno de gente y el resto vacío. Bonita metáfora social.

Estamos en una esquina estrecha. Por aquí pasa una línea de autobuses y el gentío obliga al conductor a tomar la curva muy despacio. Demasiado despacio, pienso. Me fijo en el conductor: efectivamente, se ha detenido y está viendo el partido. Los pasajeros también. La gente que quedó al otro lado empieza a silbar y sólo entonces sigue su camino, echando vistacitos atrás.
Llegan unas amigas de Diana. Se mueven muy nerviosas entre la gente buscando un lugar. Ser flamenguista es casi el rasgo central de su personalidad. Como el que toca con un palo a un animal herido, les hago notar distraídamente que van perdiendo a falta de un cuarto de hora, a ver qué pasa… El Flamengo siempre sorprende, me responden. Si lo logra me hago flamenguista, pienso. Un minuto después mi equipo empata el partido.

El Samba

En Praça da Cantareira, en Niterói, hay fiesta todas las noches menos los fines de semana. En casa de Diana vive Ed, un compañero de piso inglés (el inglés es Ed, no el piso). La principal característica de Ed es que es un personaje literario. Se salva de ser completamente de ficción porque tiene un cuerpo. No muy grande, pero le hace el avío. Sobre todo para el tema de la cerveza. Ed ya lleva nueve meses en Brasil y no habla portugués, pero es amigo de todos los parroquianos de la Praça da Cantareira, no me pregunten cómo. Padece de sociabilidad extrema. Una vez fuimos a una terracita a cenar algo. Diez minutos después estaba en la mesa de al lado, con dos nuevas amigas. Yo lo he visto.

Pero a lo que íbamos. En Niterói, en Río… da igual, el Samba está como a flor de piel. La cosa es decir, simplemente, “vayamos al samba”. Entonces averiguas dónde hay samba ese día y ya está. Siempre hay. Siempre. El último lunes estuvimos en Pedra do Sal… El sistema es el siguiente. Unas mesas de plástico, un pequeño chambao, varios músicos tocando alrededor (alrededor de las mesas y alrededor de seis horas) y un montón de gente alrededor -a su vez- de los músicos, cantando y bailando…. Y a vivir.

Este país tiene una capacidad inabarcable para hacer música, para ser música, para musicalizarlo todo, el idioma, las relaciones, la existencia.
Si vieron la impactante “Ciudad de Dios” recordarán al personaje de Mané Galinha, inspirado en un caso real, un cobrador de autobús al que las circunstancias empujan a entrar en la guerra entre bandas en una favela castigada por el narcotráfico. El actor es Seu Jorge y también es músico. Salido de una favela, por cierto. También ha participado como actor y autor de la banda sonora en “La vida acuática de Steve Zissou” (Wes Anderson, 2004), que narra la vida de un documentalista del mundo submarino. La mayoría son adaptaciones del mejor David Bowie, filtradas por una voz tan certera como imprecisa, tan abrumadora como liviana. Según me cuentan, en la película Seu Jorge es algo así como el patrón de la embarcación y la banda sonora está introducida a través de canciones que él aparece cantando en un rincón del barco con su guitarra, por detrás de la historia, como clima, como fondo, mientras conversan los personajes y se desarrolla la trama.
Así se me antoja la música en esta tierra, como fondo, entreverada con la realidad, agazapada, latente, a punto de saltar.
Brasil es otro planeta.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Artículos relacionados

Comentarios

Magnífico resumen de tus días allí, jose. Además de envidiarte, los que nos quedamos aquí hemos tenido la fortuna de ver y sentir todo aquello a través de tus ojos y de tu piel. Gracias por ese fantástico regalo.

PD.: No es necesario que añada que, como textos literarios, tus reseñas son además pequeñas joyas. Pero seguro que eso ya lo sabes. Enhorabuena.

Te felicito, sobre todo por someterte a tantos sacrificios!!!!lo mas importante es que estas ahí para experimentarlo, asi vivas atormentado el resto de tu vida, (dulce tormento).
Un abrazo, latino disfrazado de Europeo, espero ya este en tu repertorio danzario la samba.

Me di cuenta de que nos contabas lo que estábamos sintiendo, eras nuestros ojos, nuestro paladar, nuestra poll…, en fin que me has hecho viajar, de otra manera ,un poco sincopada, pero real. Estuve en Río les dije a mis amigos, y en Montevideo y me hice del Peñarol y del Flamengo. Estás zumbao. Pues vale.
Gracias.

qué bien cuentas, cuánto cuentas!!!!…cuenta cuentos…eh?…pero…eh?
me encantó. ;)

“El mundo, leído en tus palabras, es otro planeta!. Tengo ganas de escuchar tu nuevo acento en largas noches solares. Enhorabuena “cachorrito”

Lunes, en casa, lluvioso, y yo con morriña de Brasil… ¡Como si hubiera estado contigo! Es que somos tan enamoradizos… Un abrazo amigo, amigo es el abrazo, y tú también.

Gracias a todos! Abrazos varios.

Al menos YA no dice que va a trabajar..

Sonrisas.

si ya lo sabía yo que había que ir……, ahora ya impaciencia y mal, hay que ir. Un placer compartirlo.

Deja un comentario