Artículos por autor
El Río
“Yo sé que hasta el desvío más viejo de la historia
prefiere la memoria del río a la del puente.”
Jose María López Medina
Cuando Elsa nació, las maderas ya estaban preparadas.
Antes de que comenzara a andar, sus padres se habían adelantado a necesidades futuras y habían construido los primeros metros. No fue hasta unos meses después cuando se hizo evidente que Elsa no podría caminar nunca. Pero ni siquiera eso fue un obstáculo. Construyeron una silla de ruedas especialmente para ella. La almohadillaron para procurar que estuviera cómoda y para evitar posibles accidentes. Y la llevaron hasta el extremo de aquel puente, el primero de su corta y delicada vida.
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Hierbabuena
Hace unos meses compartí con vosotros un soneto que pretendía ser una arenga para movilizar nuestras filas (empezando por mí, esta soldado que escribe). Una llamada a sacudir de nuestra espalda la rutina, a salir de la formación, a huir por una vez del orden, del sendero seguro pero a veces excesivamente estrecho. Mudanza defendía la apuesta por lo imprevisible, lo desconocido. La proposición era arriesgada, cierto, pero no me negaréis que también infinitamente más rica e inagotable.
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proFEsora
Elemental, querido López
Cajas chinas
No podía creer que fuera él. Qué casualidad.
-¿Eres tú, K.? ¿Te acuerdas de mí?
-Claro que sí. ¿Qué tal estás?
-Muy bien, muy contenta de verte. ¡Es increíble! ¿Qué te trae por aquí? ¿Trabajo?
-Conciertos. Pero además vivo muy cerca.
-¿En serio?
Era de noche. Estábamos en una especie de plaza sumida en semioscuridad, muy parecida al recuerdo que tengo del solar que había enfrente de mi casa cuando era niña. Había una serie de formas de colores en el suelo, que en mis recuerdos era simplemente de tierra. Al principio pensé que se trataba de dibujos realizados a base de arena coloreada. Después me di cuenta de que tenía que ser algo mucho más permanente y más resistente también, porque una chica saltaba sobre las imágenes. Era como jugar a la rayuela en color y a lo grande, como un tablero de juegos para fichas humanas.
A palos (de ciego)
Hace unas semanas, Jose (josemalo) y yo (Luisa) decidimos embarcarnos en una aventura creativa: escribir, por primera vez en nuestra vida, letras flamencas. Como estímulo teníamos la convocatoria del III Concurso de Letras Flamencas “Francisco Moreno Galván“, una iniciativa del Ayuntamiento de La Puebla de Cazalla (Sevilla) en homenaje al célebre pintor y poeta que da nombre al certamen. La idea nos pareció muy sugerente y nos pusimos a trabajar. Al cabo de varias semanas de intensa experiencia creativa, de risas, de riñas (…“¡pero chiquillaaaaaa! ¿cómo me rompes la rima consonante al finaaaaal?”- “Si es que eres un talibán… ¡Que no tiene por qué tener todo rima consonante, niño!”) habíamos elaborado a medias una colección de letras a la que llamamos “A Palos (de ciego)”, y que firmamos como “Limón y hierbabuena”, seudónimo que nos parecía muy andaluz, y que de alguna manera tuvo su origen en este blog, en el post Mudanza. Y enviamos las copias solicitadas en las bases, sin más expectativas reales que lo enriquecedora que había sido la simple experiencia de escribirlas…
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Identidad
No me conocéis.
Si me muriera hoy
no sabríais quién es la que se ha muerto
(menos tú, vida mía).
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Universo alternativo
El siguiente relato fue finalista hace unos años en un Certamen Internacional convocado por El País Literario. Está publicado en papel, en el volumen Novísimos junto con el relato ganador y los demás finalistas, pero el libro está ya agotado y el cuento no está disponible on-line. Hasta ahora.
Se sentó en la mecedora, junto a la cristalera. Como cada mañana se puso a contemplar el valle mientras amanecía. En camisón aún, sin zapatillas. Era ya primavera y le gustaba el contacto del suelo bajo sus pies descalzos. Tras la montaña se intuía, desperezándose, el primer albor. Vio tintarse el cielo de rojo e imaginó un clarín sangriento que anunciaba el día.
Tu nombre, Saramago
“El jaramago es una planta que suele actuar como alarma o catalizador ecológico: su presencia masiva denuncia campos baldíos, jardines descuidados, solares recién recalificados o dispuestos a serlo que esperan la fructífera lluvia del cemento…”
Instrucciones para aprender a morir
- Comienza recordando (y aprendiéndolo bien, nunca lo olvides) la primera de las reglas: empiezas a morir en el segundo en el que naces. Al principio es doloroso tatuar esa norma en la conciencia. Sé paciente. Después quedará únicamente la cicatriz y habrás de aprender a verla cada día, a convivir con ella, y más aún: a acariciarla con mimo hasta que ya no duela, a asumirla como parte de tu piel y de tu realidad.
- Nada desaparece, todo cambia. Las ansias, los deseos, las ideas, los cuerpos, la memoria… todo lo que ahora eres pasará simplemente a ser algo distinto. Serás un esqueleto, o un montón de cenizas, al principio. Pero amplía tu perspectiva a siglos, a milenios incluso. Concédele su tiempo a la naturaleza y al final podrás ser parte de un lago, de un árbol, de un camino. Las moléculas que ahora te conforman se reestructurarán para formar algo nuevo y distinto. Pero estarán ahí. Imagina en qué quieres convertirte (es un buen ejercicio). Y piensa que morir es, simplemente, cambiar de estado dentro del ciclo vital, imparable y tal vez eterno.
- De vez en cuando, vuelve la vista atrás. Contempla tu trayecto hasta la fecha y acéptalo sin reservas. Recréate en las fuentes y los prados de cada camino que has ido eligiendo, y no lamentes los desiertos que hubo que cruzar y a los que, al fin y al cabo, has sobrevivido. Olvida las opciones a las que renunciaste y no sueñes con ellas ahora que ya son imposibles. Céntrate en lo que hiciste y no en lo que no hiciste. Recoge tus tropiezos, y sé condescendiente y generoso con ellos. Perdónate.
- Prepárate para irte en paz. Aprende a ver tu vida como útil y llena. No sientas que has malgastado tiempo ni oportunidades. Las has usado, en cualquier caso, como tú has elegido usarlas.
- Cuando llegue el momento, tiéndele la mano a la muerte con firmeza, sin miedo. Y mírala a los ojos. Y sonríe. Muéstrate sin reservas, dispuesto a acompañarla.
Y da un paso adelante, decidido, hacia tu estado siguiente. Descarta el miedo; cámbialo, en todo caso, por emoción e incertidumbre: la de quien emprende una aventura nueva y desconocida.
Que tengas buen viaje.
Yo ya estoy preparada
y ya sé, vida mía, qué quiero ser después:
parte de tus moléculas,
parte de cualquier cosa
que en otra vida seas
tú.





