Artículos por autor

El Rey del Pop

Música

Michael Jackson. Thriller


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Lisandro y el colectivo

Palabras

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Lisandro, ventanilla 6, horario de mañana. Su trabajo es cotejar las fotocopias con los originales y, llegado el caso, estampar un sello que confirme la igualdad entre documentos. Se considera a sí mismo un empleado público, puesto que trabaja para el Estado, para el colectivo, como le gusta decir a él. Lisandro, por tanto, se toma muy en serio su trabajo.

Ciruela, eterna opositora, cargada de papeles. Curtida ya en estas batallas, lleva siempre bien separado el montón de los originales de las copias, todos en el orden correcto. Pero Ciruela, sin embargo, jamás ha estado en la ventanilla 6.

Viernes por la mañana, sobre las once, ventanilla 6. Lisandro a un lado, Ciruela a otro. Los ojos de él recorren todos los detalles mientras su mano derecha sujeta en alto el sello que va estampando en cada copia certificada. Ciruela contempla desconcentrada ese celo en el trabajo y no puede evitar sentir un puntito de admiración. Su cabeza, amueblada por tantas horas de estudio, aprecia la eficiencia.

-Este título es un poco raro- dice él, quitándose las gafas.
-¿Cómo?


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Suso, el silencioso

Palabras

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La novia de Suso se desespera. Habla y habla sin parar, por la mañana por la tarde y por la noche. Habla incluso en sueños. Suso casi nunca responde. Permanece callado y la mira pero está como ausente, como pensando en los bosques tropicales y en sus mosquitos. No es así, él le da vuelas al posible sentido de ese bla bla bla desbocado, a ese torrente de sonidos inconexos. Harto de dar vueltas y no llegar a ninguna parte, un día Suso le dijo:

-¿Sabes? Cuando hablas no te escucho. Eres ruido.

Ella lanzó un nuevo arsenal de palabras espesantes. Suso, detallista, gran amante y buen cocinero, escapó de ellas y se refugió en la noche, donde sigue hoy. Allá donde va encuentra gente que habla, que le habla a él, y él bebe y a veces responde, a veces conversa.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.


Cortos cuentos de amor XXIV

Palabras

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Felizmente casados, estaban. El césped crecía brillante en el jardín y la mantequilla se deslizaba suave sobre la tostada de pan. Sencillamente, vivían.
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Mario Benedetti: Aniversario

Palabras Relatos

-Mira como llueve.
-Qué diluvio.
-Justo hoy, que hace treinta años que nos casamos. ¿Te acordabas?
-Por supuesto que me acordaba.
-Como no dijiste nada.
-¿Para qué? Es un día como cualquier otro.
-Ni tanto ni tan poco. Un poco de sentimiento no le viene mal al almanaque.
-Bah.
-¿Estás tan desilusionada?
-No se si es desilusión. Mira que no te echo ninguna culpa. Simplemente, me siento a apreciable distancia de la que fui, de la que era, casi te diría de la que soy.
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Cocina para la ciudadanía: el rabo de toro

Palabras

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Picas la cebolla, la zanahoria, el puerro y el tomate y el pimiento verde. Lo echas todo a la cazuela, con un poco de aceite, con un poco de sal, y enciendes el fuego. Pimienta, olvidaste las bolas de pimienta. Mientras rehogas todo sacas el rabo de toro de la nevera, menudo rabo, menudo toro, piensas. En realidad es de vaca, pero te da igual. Es hermoso. Lo tocas, lo hueles, lo salpimentas. Suspiras pensando en el futuro que os espera juntos. Las verduras ya están, las mezclas con un poco de harina y añades el rabo y ves la cazuela rugir y la cebolla desplegarse melosa sobre la carne. Esto marcha, te dices. Un vaso de vino, medio vaso más, cubres con agua y a cocer a fuego lento, la tapa puesta, el ojo vigilante.
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Cortos cuentos de amor XXIII

Palabras

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-Tras el beso pensé “Uau!”, fue como un flash, ¿me entiendes?, me quedé tonto, como cegao. Qué labios, qué maravilla. Vaya labios.
-¿Y el culo?
-El culo vino después. Vaya culo.
-¿Y las tetas?
-Vaya tetas.
-¿Y ella?
-No pude con todo. Es demasiado grande y estuve demasiado cerca. Como cuando subes una montaña: conoces el sendero que tomas pero la montaña en sí, entera, se te escapa, ¿me entiendes?
-No mucho.
-Que como ella sea como sus labios, vaya mujer.

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Uno de los nuestros:Manuel Vicent. Final de la Copa del Rey.

Deportes

Manuel VicentEl valenciano Manuel Vicent combina desde hace tiempo su tarea de escritor (de novelas, teatro, libros de viajes…) con la de columnista dominical en El País. Leerle los domingos es una delicia, siempre te encuentras textos llenos de vida y originalidad, y una de las últimas razones que van quedando para comprar el periódico.

Además le gusta el fútbol, y de vez en cuando escribe sobre él con su particular mirada. Aquí os dejo la columna publicada el 08/03/09 sobre la final de Copa que se disputa hoy en tierras valencianas, en Mestalla, titulada “La Copa”.
Que aproveche, y que gane el mejor.


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El funcionario tras la baja

Palabras

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Cuando, tras algunos meses de dura enfermedad, el funcionario vuelve con el alta, su cara se ha vuelto más huraña. Mira a los demás con los ojos entrecerrados y suele contestar con evasivas cuando se le pregunta por los detalles de su doloroso proceso. Se toma la semana de reincorporación con bastante calma, recorriendo de nuevo los pasillos y contemplando otra vez las vistas desde las ventanas. Hace muecas de dolor en cada parada y, si le queda tiempo, ordena sus cajones y le quita el polvo a la calculadora.


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Cortos cuentos de amor XXII

Palabras

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Enamorado de su dentista. Así estaba. Ese bigote, esa sonrisa, esos ojitos. Ahora que ya tenía la boca perfecta, ay, esperando, no sabía cómo hacer para volver a verlo. Le esperó en la puerta de la consulta y le siguió hasta su casa. Dejó pasar una hora y llamó a su puerta y el dentista le abrió y le dijo que una boca como la suya siempre era bien recibida en su cama y que pasara y se fueron besando y revolcando en el sofá y en la cama y en la terraza y en la fría mesa de la cocina. A la mañana siguiente el dentista ya se había ido a trabajar cuando él se despertó, con el sabor aún de los blancos besos de la noche anterior. En la cocina había café hecho y una nota que le animaba a desayunar lo que le viniera en gana y a irse de ahí para nunca volver. Lo bonito ya fue, terminaba la nota, y añadía una posdata recordándole que podría lavarse los dientes con uno de los cepillos desechables que tenía en el cajón del baño. Bebió café y paseó por el amplio salón viendo la gran cantidad de radiografías de la boca que lo decoraban. Todas le parecían iguales, pero al reconocer la suya sonrió. Decidió no lavarse los dientes y alejarse rápido y para siempre de esa historia y de ese delicioso olor a flúor.

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