Artículos por autor

Matute, o el azote del amor

Palabras

Creative Commons License

Matute, administrativo y con bigote, pasea como cada jueves por los pasillos de su librería favorita. Sus pequeños ojos escrutan minuciosamente cada uno de los lomos de los libros que se apretujan en las estanterías. Los hay viejos, muy viejos y de vejez indeterminada. De repente su atención queda fijada por uno de ellos y se da cuenta de que ese libro merece la pena. Cuando su mano va a cogerlo tropieza con la de una rubia y bajita señorita que ha aparecido, como de la nada, justo a su lado. Las dos manos se rozan sobre el lomo del libro, las miradas se cruzan, las sonrisas se levantan. Matute, firme, baja la mirada y se aferra al libro:

-Señorita, no lo diga. No diga que es una feliz coincidencia que los dos queramos el mismo libro. No diga que lo podemos comprar a medias y luego prestárnoslo. No piense que quedaremos para cenar y comentarlo y que luego nos besaremos en su bonito tresillo. No se deje llevar por la sensación de que soy el hombre de su vida que por fin se ha cruzado en su camino. Nada de estrellas, nada de poesía. Sólo es un libro, sólo una coincidencia.

Dicho esto, Matute agarra el libro y se marcha bien erguido, dejando tras de sí una difusa sensación de perplejidad.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.


Cortos cuentos de amor XXI

Palabras

Creative Commons License

Las gotas de sudor salen de mi cabeza, del pelo quizá, y resbalan por mi frente hasta llegar a las cejas. Son tantas que varias consiguen superar ese obstáculo y alcanzan el ojo, y entonces siento un escozor tremendo y debo quedarme quieto porque no veo nada y podría tropezar y caer si siguiera avanzando. El sudor ácido que genero me obliga a apretar con fuerza los párpados y a taparme la cara con las manos. Es así cuando, tras el pico de dolor, imagino una lengua deslizarse por mi frente, una boca soplar sobre mis sufridos ojos, una mano revolver mi revuelto pelo. Imagino unos labios besar mis mejillas y unos senos rozar mi brazo. Imagino, en suma, una diosa, una mujer inmune al mal olor, dispuesta a vivir entre mis fuertes jugos, capaz de amar en intensa cercanía.
Salgo de mis ensoñaciones y reanudo la marcha, empapado, deseando llegar a casa aunque sepa que allí, indefectiblemente, la ducha dará fin al origen de mis fantasías.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.


“Heineken Cup 2008/09″ por Kike

Deportes Rugby

Semana de penitencia

Basado en la obra original Heineken Cup 2008/09 de Fko.

Hoy os voy a hablar de rugby, el deporte de mayor categoría que existe en el mundo. El rugby es intensidad, es duelo de caballeros, son empujones hacia el suelo, hacia la gloria, hacia los aplausos de los dioses. Es magia.

Batido del mar de leche


Seguir leyendo »


Cortos cuentos de amor XX

Palabras

Creative Commons License

Leo se interesó por la que ahora es su pareja por su nombre, Leo, y por cómo sonrió al decirlo. A los dos les pareció y les sigue pareciendo divertida la situación. Debe ser porque se quieren. Van a tener mellizos, en unos meses, y una idea juguetona sobrevuela sus alocadas cabecitas. Ninguno la nombra pero, de vez en cuando, se miran y se ríen, en la cocina, en la cama, en la cafetería. No puede ser de otra manera, es absurdamente divertido pero el niño se llamará como el padre y la niña como la madre. Será la familia de las fieras, de los reyes del barrio, y ésas y otras tonterías son las que terminan por convencer a la pareja de que sus mellizos serán, para todo el mundo, Leo y Leo.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.


El asesino y su dibujo

Palabras

Creative Commons License

Hartos de buscarme, no repararon en sutilezas cuando al fin creyeron encontrarme. Me dispararon ocho veces en el pecho y noté ocho picotazos de mosquito, de mosquito grande. Apenas me tambaleé. Cortaron mi cuello, mis brazos, mis piernas y mis pies, lanzaron mis diecinueve dedos al aire y mis ojos fueron testigos de cómo todas mis partes, presas de una efervescente intensidad, se reagrupaban de nuevo. Salí indemne y sonriente de las llamas que provocó la gasolina ardiendo sobre mi delicada piel. Un yunque aplastó mi cabeza, una viga golpeó mi corazón, el cianuro invadió mis venas. No se daban cuenta, pobres tontos, de que atacaban una ilusión, un mero dibujo animado. Gastaban su tiempo y sus fuerzas en destruir lo imposible, mientras mi parte física caminaba, elegante y misteriosa, por el paseo del río, atenta a no tropezar, saludando a las desgraciadas damas, clavándoles mi mirada.

(Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons)


Cuentos ajenos

Palabras

Creative Commons License

Nunca debí copiar esos cuentos. ¿Quién me iba a decir que yo, figura de las palabras y sus conjunciones, maestro de las comas y los puntos y aparte, acabaría así, como un vulgar letrero? Debí haber aceptado el declive. Asumirlo y buscar entonces una salida honrosa hubiera sido lo más inteligente.
Seguir leyendo »


Somos el Blog del Día

Blog nombrado Blog del Día el  13/03/09

Blog del Día es un proyecto creado con el fin de dar a conocer blogs que a pesar de su calidad aún no son muy conocidos en la blogosfera hispana. Visitan blogs que sus lectores les proponen y los valoran en cuanto a su diseño, plantillas, periodicidad y calidad de los posts, nivel de participación (comentarios), etc.

Es un orgullo anunciar que hoy, 13 de Marzo de 2009, somos el Blog del Día, y, además, ¡nos hacen una entrevista!

Para celebrarlo nos tomamos el día libre. No será lo único que nos tomemos hoy. Contemplad el cielo y quizá veáis los fuegos artificiales.

¡Gracias a todos!

“Si fuéramos inteligentes ya nos habríamos dado cuenta”

Palabras, Palabras, Palabras


Cortos cuentos de amor XIX

Palabras

Creative Commons License

En ese encuentro estaban todos: él, ella y la otra. Recién salido de su club de trabajo, él llevaba aún su rojo vestido de lentejuelas y los tacones le mataban. Sus labios pintados esperaban sedientos la copa habitual y los ojos descansaban cerrados.

En su primer día, ella se sentía como si siempre hubiera trabajado de camarera. Movía su culo entre las mesas haciendo ondular su pequeña minifalda. A su alrededor dejaba rostros en tinieblas que disfrutaban del lento bailar de las chicas semidesnudas. Ella, a lo suyo, no se fijaba. Ni una gota caía en la bandeja.

La otra bailaba, como cada noche, atenta a los detalles. Se movía esperando el momento en que él abriera los ojos y la mirara, enormemente bella como era, y contemplara sus largas y negras piernas mientras las sonrisas se cruzaban con suavidad y calma.

Al descalzarse fue cuando él se fijó en ella, la camarera, que permanecía en pie con una lágrima recorriendo la mejilla, de frente al baile. La bandeja colgaba de la mano y la cara irradiaba emoción. Las miradas y la música, fuera cual fuera, lo hicieron todo. La otra terminó de bailar y bajó a la mesa, a darle cariño a ella, a acariciarle el pelo y a dejar susurros en el oído. Mientras tanto él suspiraba, resignado, por su copa habitual, sin dejarse emocionar por lo que, una noche más, parecía un bonito inicio de una corta historia de amor.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.


Los orígenes, y el fin.

Palabras Relatos

Creative Commons License

Escribía y escribía sin parar. No lo podía resistir. Cada noche se sentaba en su silla, cogía el boli y los folios y dejaba volar su imaginación para que su muñeca la capturara y la plasmara en el papel, manchándolo de bonitas palabras y maravillosas historias. Escribía por escribir, por inercia, sin motivo alguno. Al menos, eso pensaba entonces. Tenía un defecto: sólo sabía escribir relatos breves. Cuando intentaba desarrollar una historia un poco más larga se frenaba y su cerebro no le proporcionaba más ideas. Lo intentaba una y otra vez pero no podía.
Seguir leyendo »


Corto cuento, sin amor

Palabras

Creative Commons License

Elfandro, el analista, pasa todas las tardes tumbado en el sofá. Se levanta para mear en torno a las 17.17 y ya no se mueve hasta las 21.21, cuando se incorpora para cenar lo que sobró de la comida, que sigue en la mesa del salón. Durante esas horas no hace más que ir cambiando de postura para no entumecerse demasiado. Algunas veces pasa un rato sentado y otras se tumba boca abajo, y entonces le sopla al cojín. Poco más.
Seguir leyendo »