El Test de Turing

Alan Mathison Turing (1912-1954) fue un matemático, informático teórico, criptógrafo y filósofo inglés; es considerado uno de los padres de la Ciencia de la Computación y el precursor de la informática moderna.

Durante la Segunda Guerra Mundial, trabajó en el equipo que descifraba los códigos nazis, particularmente los de la máquina Enigma y fue el director de la sección Naval Enigma del Bletchley Park. Tras la guerra diseñó uno de los primeros computadores electrónicos programables digitales en el Laboratorio Nacional de Física del Reino Unido.

Placa de Turing

Entre sus increíbles aportaciones se encuentra la Máquina de Turing, un modelo matemático abstracto que formalizaba el concepto de algoritmo. Con él demostró que existían problemas que una máquina no podía resolver.
También formuló su propia versión de la hoy ampliamente aceptada Tesis de Church-Turing que podríamos resumir de la siguiente forma: las máquinas de Turing realmente capturan la noción de lo que es un algoritmo o un procedimiento efectivo llevado a cabo por un humano o por una máquina.

Lo que nos lleva al artículo de hoy: el Test de Turing.

El Test

Durante su etapa como director delegado del laboratorio de computación de la Universidad de Manchester realizó estudios más abstractos y en su artículo «Máquinas de computación e inteligencia» (octubre de 1950) Turing trató el problema de la inteligencia artificial y propuso un experimento que hoy se conoce como la Prueba o el Test de Turing, que no es nada más que un procedimiento para corroborar la existencia de inteligencia en una máquina. Y nada menos.

El Test se fundamenta en la hipótesis positivista de que, si una máquina se comporta en todos los aspectos como inteligente, entonces debe ser inteligente. Efectivamente inteligente (y no falsamente o sólo aparentemente inteligente).

La prueba consiste en un desafío: se supone un juez situado en una habitación, y una máquina y un ser humano en otras. El juez debe descubrir cuál es el ser humano y cuál es la máquina, estándoles a los dos permitidos mentir al contestar por escrito las preguntas que el juez les hiciera.

Test de Turing

La tesis de Turing es que si ambos jugadores eran suficientemente hábiles, el juez no podría distinguir quién era el ser humano y quién la máquina. Para superar el Test la máquina debía engañar durante el tiempo suficiente a un buen interrogador, no dejándole aclarar si se está dirigiendo a un ser humano o a una máquina.

A día de hoy, ninguna máquina ha sido capaz de superar el Test de Turing con un método científico.

El premio Loebner

En 1990 se inició un concurso, el Premio Loebner, una competición de carácter anual entre programas de ordenador que sigue el estándar establecido en la prueba de Turing. Un juez humano se enfrenta a dos pantallas de ordenador, una de ellas que se encuentra bajo el control de un ordenador, y la otra bajo el control de un humano. El juez plantea preguntas a las dos pantallas y recibe respuestas. El premio está dotado con 100,000 dólares estadounidenses para el programa que pase el test, y un premio de consolación para el mejor programa anual. El premio principal sigue desierto.

Las aplicaciones

Una de las aplicaciones del Test de Turing es el control de spam. El spam masivo es, por lo general, enviado automáticamente por una máquina, y algunas de las soluciones más extendidas a este problema están basadas en el Test. Es el caso del Captcha, esas letras distorsionadas o preguntas del tipo “dos más dos” que protegen formularios de contacto en internet (como el nuestro). La prueba asume que un robot no humano es incapaz de comprender lo que pone en las letras, y por tanto no es capaz de superar la prueba que un humano encuentra fácilmente superable.

En el otro lado tenemos un bot llamado CyberLover desarrollado por programadores rusos que fue diseminado en multitud de salas de chat en el mes de diciembre.
Este pequeño programa es capaz de engañar con sus mensajes de texto a la gente con quien habla, haciéndoles creer que es una persona real (sexualmente interesada en el sujeto), obteniendo nombres, información de contacto y fotos de sus interlocutores. También se utiliza como cebo para redirigir a la gente a sitios web supuestamente personales donde descargan troyanos.

Pero aunque CyberLover haya supuesto un avance impresionante en la materia, podemos afirmar que no ha superado el Test de Turing, a pesar de lo que nos quieran vender por ahí.
Las condiciones científicas del Test hablan de un ser humano intentando verficar si su interlocutor es otro ser humano y no de un ser humano que da por hecho que el otro interlocutor también lo es.

El Test de Turing y la Ciencia Ficción

Como no podía ser de otra forma, las mejores (más documentadas) novelas que tratan el tema de la Inteligencia Artificial hacen referencia de una forma u otra al Test de Turing.

En la novela de Arthur C. Clarke, «2001: Una odisea espacial» (1968) se hacen constantes referencias a Turing y a su test de máquinas en el caso de HAL.

Y todo el que haya visto la película de Ridley Scott, «Blade Runner» (1982) recordará el método utilizado por Rick Deckard, la prueba Voight-Kampff: una prueba o test científico-psicológico mediante el cual se comprueba la veracidad o certeza de la humanidad de un ente.

No me he podido resistir, aquí os dejo la escena. Dedicada, cómo no, al maestro Alan.

[SWF]http://www.youtube.com/v/idsLV5AJyDk&rel=1, 425, 350[/SWF]

 

 

Otras fuentes:

Genciencia: El Test de Turing y el día a día.

Wikipedia: Alang Turing.

Wikipedia: La Prueba de Turing.

Slutbot aces Turing Test*: CyberLover.