Identidad

No me conocéis.
Si me muriera hoy
no sabríais quién es la que se ha muerto
(menos tú, vida mía).

Cada mañana escojo, según la circunstancia,
la indumentaria exacta y adecuada;
y peino mi actitud según la hora
y el posible escenario.
Y maquillo
la mala cara de los desencuentros;
corrijo las ojeras del fracaso;
máscara en las pestañas de las cuitas,
carmín sobre mi boca
(y sobre mis palabras
para evitar que amarguen o que duelan
a otros.
Ya me duelen a mí,
con eso basta).

Me obligo a llevar puesto
el collar de etiqueta de las formas,
la mesura, la calma.

A veces gritaría,
me volvería loca,
correría sin rumbo, desbocada
sobre brasas de angustia y de zozobra
… pero llevo tacones de prudencia
que encorsetan mis pasos.

(Sólo tú, amor, me miras
y me entiendes.
Y estás).

Por las noches,
ya a solas,
comienzo a despojarme lentamente
de aquello que no soy.
Desmaquillo mi boca de sonrisas;
borro de mi discurso la templanza,
me suelto el pelo, dejo que las penas
y las ojeras pisen sus dominios.
Me descalzo despacio.
Me despojo
de todos los postizos y añadidos.
Y desnuda,
yo por fin, yo en esencia,
me miro en el espejo.
Tan frágil.

Es entonces,
únicamente entonces
(y únicamente tú como testigo),
cuando respiro, cuando
me permito a mí misma
desplegar
y desentumecer
las alas.

Butterfly Woman

Butterfly Woman, de Dominic Harman