Hierbabuena

Hace unos meses compartí con vosotros un soneto que pretendía ser una arenga para movilizar nuestras filas (empezando por mí, esta soldado que escribe). Una llamada a sacudir de nuestra espalda la rutina, a salir de la formación, a huir por una vez del orden, del sendero seguro pero a veces excesivamente estrecho. Mudanza defendía la apuesta por lo imprevisible, lo desconocido. La proposición era arriesgada, cierto, pero no me negaréis que también infinitamente más rica e inagotable.

No tardasteis en pronunciaros al respecto y comentar vuestros diferentes puntos de vista. Pero además hubo alguien, nuestro rapidísimo josemalo, que enseguida respondió sumándose a la propuesta y que lo hizo, además, en verso (!). Contestó con dos tercetos entusiastas y magníficos. Éstos, a su vez, tiraron del hilito de dos cuartetos más que se asomaban ya a mis dedos…
Así fue como vio la luz, un cinco de mayo, este SONETO AL REVÉS A CUATRO MANOS, DIALOGADO, que después se llamó Hierbabuena. Lo parimos a medias, y nació como una premonición de primavera de otras colaboraciones que, como no podía ser de otro modo, llegarían poco después (nos traerían, de hecho, mieses dulces de verano cosechadas en la Puebla de Cazalla, Sevilla).
Hierbabuena tiene música, casi nació ya con música. Nuestra intención es poder cantarla algún día también a medias, en vivo y en directo, con todos los espontáneos que quieran unirse a nosotros. Mientras llega ese momento, y para ir abriendo boca (y practicando, si os apetece), os recuerdo el soneto y os adelanto un borrador de su versión musical. Toda una declaración de intenciones a ritmo de rumbas para entrar en este otoño ligeros de equipaje, provistos de ilusión y de capacidad de sorpresa… y de poco más. El resto, al fin y al cabo, es prescindible.

-Me apunto a tu minuta, respiro clorofila,
incendio la maquila de las hojas de ruta,
abandono la gruta, dilato las pupilas,
si admites un recluta te llevo la mochila,
me salgo de la fila de los hijos de puta,
si otro pone la fruta me encargo del tequila.

-¡Admitido, recluta! Quedamos en el puente.
No olvides proveerte de tus ojos de niño,
de alegría sin causa, de sueños sin aliño,
de un par de zapatillas de estilo impenitente.

Y déjate en la gruta el lastre de la pena.
Yo llevo los limones pa preparar mojitos.
Echa también un ciento de versos infinitos.
Por supuesto, te toca a ti la hierbabuena.

[qt:http://blog.franlopez.es/wp-content/music/Hierbabuena.mp3]

 

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