A toda lentitud

 

A toda lentitud, a toda vela

de un barco de sosiego, el mar en calma,

respiro, el pecho ingrávido, y el alma

dormida en el reflejo de mi estela.

 

A todo reposar, a toda pausa,

bebo a sorbos pequeños, con medida,

el elixir precioso de la vida

que destilan las horas. Y sin causa,

 

sin razón aparente, me conmueven

un insecto en el patio, un brote verde,

un acorde, un email inesperado.

 

A toda paz. La placidez me mueve.

Y dichosa, como el que nada pierde,

disfruto el tramo nuevo y el ya andado.

Canjáyar, 10 de febrero de 2012